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The Basque Global Block

Algunos expertos en temas de migración consideran que los símbolos son los últimos vestigios de la identidad de aquellos emigrantes completamente asimilados a sus países de acogida. Es lo que se entiende por “identidad simbólica”, la cual es definida como una forma de expresar la identidad heredada de padres y abuelos, y que es instrumentalizada con el objetivo de evitar cualquier conflicto con las formas de vida de la sociedad en la que hijos y nietos han crecido. Una identidad simbólica que se manifiesta de forma concreta en festivales, desfiles, deportes, juegos, bailes, o en muestras culinarias.

Sin ninguna duda, los símbolos ayudan a muchos individuos de la diáspora vasca a externalizar públicamente tanto su identidad colectiva vasca como las manifestaciones culturales de dicha identidad. En sí, macro-festivales vascos como el Jaialdi de la ciudad de Boise del Estado norteamericano de Idaho, y que se está celebrando estos días, son una expresión tangible de identidad y de reafirmación cultural en un ámbito público ajeno a lo vasco. De hecho, en toda la diáspora vasca que abarca más de una veintena de países son muy pocas las comunidades que a día de hoy han podido articular y gestionar un espacio público propio. La falta de nuevas oleadas de emigrantes, el envejecimiento progresivo de la generación emigrante, su dispersión geográfica, y la regeneración urbana que han experimentado muchas ciudades han evitado que perdurasen en el tiempo algunos espacios que en su día fueron verdaderos barrios vascos, como el de Broadway de San Francisco o el de Ezeiza en Buenos Aires.

Si existe algún lugar en los Estados Unidos donde los vascos como comunidad han construido  su propio espacio público es sin ninguna duda el llamado “Basque Block” de Boise. Un lugar conformado por un museo (Basque Museum and Cultural Center), dos antiguas pensiones—hoy en día ambas destinadas a relatar la historia de las comunidades emigrantes vascas y su posterior asentamiento—dos restaurantes (el Leku Ona y el Gernika Bar), una tienda (The Basque Market), un frontón, y el edificio de la asociación vasca (Euzkaldunak). Es un paisaje urbano ampliamente saturado por símbolos vascos y del cual el visitante puede difícilmente abstraerse.

Basque Block Mural, Julio 2004. Foto de Pedro J. Oiarzabal

Basque Block Mural, Julio 2004. Foto de Pedro J. Oiarzabal

En el propio “Basque Block” un mural aúna la historia de la comunidad vasca en el Estado de Idaho y su devenir en el tiempo. El mural, diseñado por Bill Hueg en el año 2000 a petición del Museo Vasco de Boise, es un extraordinario ejemplo del poder de los símbolos como aglutinadores de la identidad colectiva y del sentir de una comunidad. De izquierda a derecha, el mural hace referencia a los viajes de Cristóbal Colón y a la participación de generaciones de vascos en el “descubrimiento”, conquista y colonización de las Américas; aparece un baserri en lo alto de una colina verde; un fragmento del Guernica de Pablo Picasso—un alto porcentaje de la comunidad vasca de Idaho procede de Bizkaia-; el Árbol de Gernika; la pensión de Uberuaga/Aguirre, establecida en 1903 en Boise; el retrato de Juanita Uberuaga Hormaechea, una de las pioneras en la enseñanza de bailes vascos en la década de 1940; el grupo de danza vasca Oinkari y que este año cumple su 50 aniversario; la Catedral Católica de St. John de Boise; un retrato de Jim Jausoro, acordeonista del grupo Oinkari desde 1947 hasta su fallecimiento en 2005; un hombre levantado una piedra cuadrangular en referencia a los deportes rurales vascos; y finalmente, como no podría ser de otra manera, se hace referencia a un campamento de pastores de ovejas, la principal ocupación de los emigrantes vascos en el Oeste Americano durante más de un siglo.

Tanto el “Basque Block” como el Jaialdi de Boise son considerados verdaderos éxitos a emular por comunidades vascas tanto de dentro como de fuera de Estados Unidos. En un contexto en el que la emigración vasca tuvo su punto final hace más de tres o cuatro décadas, ¿cuáles serían las estrategias más adecuadas que las instituciones de la diáspora vasca deberían de llevar a cabo para hacer frente al futuro más inmediato? Y en cuanto a lo que se denomina “identidad simbólica”, ¿hasta qué punto las propias comunidades de la diáspora se aferran a los símbolos como recursos para  impulsar y promocionar sus propias identidades colectivas?

Basque Club de San Francisco: Bertso a bertso desde 1960

March 11th, 2010 Pedro J. Oiarzabal No comments

En Junio de 1960, los célebres bertsolaris Fernando Aire “Xalbador” y Mattin Treku viajaron a Estados Unidos para actuar ante las comunidades vascas de La Puente y Bakersfield en California y de Reno en Nevada, así como también en el picnic anual de la asociación francesa de San Francisco, Les Jardiniers Français, la cual estaba compuesta por un número considerable de vascos. Se estima que hacia 1955 más de dos tercios de la población vasca de la Bahía de San Francisco trabajaba en el sector de la jardinería. Al picnic de Les Jardiniers que tuvo lugar el día 19 en el Parque Saratoga Springs acudieron unas 2.500 personas. Durante la actuación de Xalbador y Mattin, el micrófono dejó de funcionar inesperadamente y el espectáculo se suprimió ante la profunda decepción de los propios bertsolaris y el enojo de los vascos que habían acudido a verles. A día de hoy, algunos continúan creyendo que fue un claro acto de sabotaje, para otros un simple problema técnico.

De cualquier modo, la reacción del sector más joven de la comunidad vasca de San Francisco no se hizo esperar. A finales de Junio fundaron el Basque Club of California (Club Vasco de California, o Basque Club de San Francisco) bajo la dirección de Claude Berhouet (natural de Donazaharre y por aquel entonces dueño del Hotel de France en San Francisco), con los objetivos de proteger y promocionar la cultura vasca y el Euskera. Hacia Octubre de 1960, el club había conseguido reunir a cien socios.

Xalbador y Mattin en camino hacia San Francisco, 1960. De izquierda a derecha: André Ospital, Xalbador, Michel Labéguerie, Mattin y Charles Iriart (Cortesía de la Colección Urazandi de San Francisco).

Xalbador y Mattin en camino hacia San Francisco, 1960. De izquierda a derecha: André Ospital, Xalbador, Michel Labéguerie, Mattin y Charles Iriart (Cortesía de la Colección Urazandi de San Francisco).

El Basque Club de San Francisco tenía como precedentes a las relativamente efímeras Sociedad Vascongada de Beneficencia Mutua y al Zazpiak Bat Club creadas a principios de la década de 1920. El Basque Club rápidamente instituyó su primer picnic en 1961, un torneo de mus en 1963 y un campeonato de pelota en 1968, todos ellos de carácter anual. A su vez creo dos grupos de danzas (Zazpiak Bat y Gazteak) en 1960 y 1961 respectivamente, una banda de klika (Zazpiak Bat) en 1964 y un coro (Elgarrekin) en 1979. Pronto se convirtió en uno de los clubs vascos más activos de California y por ende del Oeste Americano.

La emigración vasca hacia California había florecido a lo largo del siglo XIX hasta mediados del siglo XX. Miles de vascos fueron atraídos por la posibilidad de encontrar trabajo en la industria ovina del Oeste Americano. Consecuentemente, a la par que la población vasca aumentaba en San Francisco y a imitación del Basque Club se crearon diferentes asociaciones socio-culturales en la Bahía que culminaron en la construcción en 1982 de su primera euskal etxea, el Basque Cultural Center, cuya asociación promotora fue establecida en 1979. Las organizaciones que surgieron a lo largo de los años fueron: Menlo Park Zazpiak Bat (1964); Basque Educational Organization (1984), Marin-Sonoma Basque Association (1989) y Anaitasuna Basque Club (1991). Hoy en día todas ellas continúan activas con excepción de la de Menlo Park que se disolvió en 1983.

Bertso_Jaialdia_SF

Este año el Basque Club de San Francisco cumple medio siglo de vida y cuenta con el segundo mayor número de socios, unos 300, tras el Basque Cultural Center. Para conmemorar dicha efeméride el Basque Club ha invitado a Maialen Lujanbio y Andoni Egaña para que actúen en el Basque Cultural Center de South San Francisco el día 13 de Marzo. ¿Qué mejor tributo a Xalbador y a Mattin—los instigadores involuntarios del resurgir del asociacionismo vasco en San Francisco—y al Euskera en tierras americanas, que la actuación de dos de las figuras más representativas del bertsolarismo actual? Esta vez los bertsolaris invitados no estarán solos si no que les acompañaran los cuatro bertsolaris en activo de Estados Unidos: Gratien Alfaro, Johnny Curutchet, Jesús Goñi y Martin Goicoechea. Curutchet, Goñi y Goicoechea junto a Jesús Arriada, hoy en día retirado del bertsolarismo, recibieron el 20 de Septiembre de 2003 el National Endowment for the Arts National Heritage Fellowship, el máximo galardón relacionado con la preservación de tradiciones culturales y folklóricas otorgado en Estados Unidos.

De emociones y regalos

December 24th, 2009 Pedro J. Oiarzabal 1 comment

Volvemos ritualmente a caer en la vorágine de los discursos maniqueos sobre los valores que encierra en sí la Navidad y el substrato cristiano de nuestras culturas europeas y el consumo hacia al que, al parecer, estamos abocados irremediablemente. Aún en plena crisis financiera y económica, las grandes áreas comerciales se encuentran abarrotadas y la lista combinada de regalos de Olentzero, Papa Noel, Santa Claus y los Tres Reyes Magos da un cierto respiro a pequeños y medianos negocios a pie de calle. El consumo es auspiciado por todo tipo de instancias públicas y privadas como sustento de la economía del mundo occidental. Quizás tengan razón todos aquellos que nos animan reiteradamente a consumir para salir de la crisis…No lo sé.

En la novela “Doctor Zhivago” de 1957 del que fuera más tarde Premio Nobel de Literatura Boris Pasternak hay una cita que quizás pueda explicar la necesidad del regalo, del suvenir del que hablábamos el otro día y del compartir las experiencias vividas y el hecho de materializar el “ojalá estuvieses aquí” con aquellos que no pudieron acompañarnos en nuestros viajes. La cita “…la felicidad no compartida no es felicidad…” fue popularizada en el libro de Jon Krakauer “Into the Wild” de 1996 (“Hacia Rutas Salvajes”) a través de su protagonista Christopher McCandless quien escribe a modo de revelación cuasi-mística “la felicidad sólo es real si se comparte”.

Dicha necesidad de compartir momentos felices con aquellos que no los han experimentado tiene difícil transmisión en objetos que podamos adquirir en el último minuto del viaje a la puerta de embarque del avión que nos transporte al destino original de nuestro trayecto. Intentamos impregnar y proyectar nuestra felicidad en esos objetos de suvenir para poder compartirlos con un sinfín de personas, ahora ya convertidos en amuletos de recuerdos, de momentos pasados, más felices. Por mucho que lo intentemos los objetos de suvenir acaban teniendo el mismo efecto que el de un niño desenvolviendo apresuradamente un regalo de Navidad a la espera de una Gameboy para descubrir que es un par de calcetines… Un “te he echado de menos y la próxima vez nos vamos juntos” es para muchos el mejor regalo que nos pueden hacer.

¿Somos más felices cuanto más consumimos? ¿Crees que somos una sociedad feliz? ¿Qué te gustaría compartir con tu familia, compañeros y amigos?

Jai Zoriontsuak eta Urte berri on!

euskadiS…made in

Escribí tiempo atrás como los procesos de modernización e industrialización que tuvieron lugar en nuestro país desde mediados del S. XIX atrajeron a cientos de miles de inmigrantes procedentes de todos los rincones de España. Estos, al igual que hicieron los miles y miles de vascos que emigraron particularmente a Argentina, Uruguay, Chile y al Far West norteamericano durante esos mismos años, no sólo portaban sus enseres más básicos sino una pléyade de tradiciones culturales e identidades que pronto tendrían una plasmación institucional en lo que algunos denominan como  “casas provinciales”, “regionales” o “autonómicas”, donde se aúnan y retroalimentan sentimiento y acción.

La comunidad gallega en Barakaldo estableció en 1901 el “Centro Galego de Bizkaia”, convirtiéndose en el segundo más antiguo del mundo de la comunidad diaspórica gallega, tras erigir en Uruguay el “Centro Galego de Montevideo” en 1879. Tres años antes, en esa misma cuidad rioplatense fue creada la primera asociación moderna de la diáspora vasca, el “Laurac Bat”, como respuesta a la abolición de los fueros. Por el mismo motivo se estableció la asociación también llamada “Laurak Bat” en Buenos Aires en 1877. Ese mismo año se creó una asociación vasca en Manila, y en 1878 se fundó  la “Asociación Vasco-Navarra de Beneficencia” en La Habana. En 1881, “La Ciudad de las Columnas” fue a su vez testigo del nacimiento de la “Sociedad de Beneficencia de Naturales de Andalucía y sus Descendientes”, la asociación de andaluces más antigua del planeta. En 1895, en una exuberante Buenos Aires, se crearon el Centre Basque-Français” y el “Centro Navarro”. En Bahía Blanca, al suroeste de la provincia de Buenos Aires, se fundó en 1899 la “Sociedad Laurak Bat de Socorros Mutuos” (rebautizada como “Unión Vasca de Socorros Mutuos”). En 1901 se fundó también en Buenos Aires la “Asociación Cultural y de Beneficencia Euskal Echea” llegando a ser la primera asociación vasca extraterritorial que integró con gran éxito a naturales y descendientes de ambas vertientes de los Pirineos.

Tras este pequeño periplo histórico, malabar de fechas, nombres y lugares, regresamos a la Euskadi de principios del S. XX, y es que en 1903 la comunidad castellana procedente de Burgos establece la “Colonia Burgalesa en Bilbao” (hoy en día el “Centro Burgalés de Bilbao”) siendo una de las más decanas de la diáspora castellana. A día de hoy, la diáspora vasca ha establecido 211 asociaciones—socio-culturales, recreacionales, educacionales, políticas y de negocios—en 24 países: Alemania, Andorra, Argentina, Australia, Brasil, Canadá, Chile, China, Colombia, Cuba, El Salvador, España, Estados Unidos, Francia, Italia, México, Paraguay, Perú, Puerto Rico, Suiza, Reino Unido, Republica Dominicana, Uruguay, y Venezuela.

(IV Feria Itinerante Extremeña. Ametzola, Bilbao. Días 3, 4 y 5 de octubre de 2.008)

Igualmente las comunidades de emigrantes gallegas, andaluzas, castellanas o extremeñas, entre otras, se multiplicaron a lo largo de los años. Por ejemplo, la diáspora extremeña agrupa a 121 asociaciones en cinco países. Tan sólo hay 12 fuera del Estado Español. En Euskadi, con una población de aproximadamente 80.000 nacidos extremeños, hay 17 agrupadas en la “Federación de Asociaciones Extremeñas de Euskadi, Veturia” (creada en 1984 con sede en Santurce), que cuentan con un total de 3.000 socios en Andoain, Astrabudua-Erandio, Barakaldo, Bilbao, Donostia-San Sebastián, Durango, Ermua, Galdakao, Lasarte-Oria, Legazpi, LLodio, Mondragón, Renteria, Santurce, Tolosa, Vitoria-Gasteiz, y Zarauz. Con referencia al desarrollo e implantación de comunidades andaluzas a lo largo del mundo, hay identificadas unas 351, pero solamente 63 se encuentran fuera del Estado Español. En Euskadi, con una población de más de 36.000 personas de origen andaluz, la “Federación de Asociaciones Regionales Andaluzas en Euskadi, García Lorca” (creada en 1986) agrupa a 13 asociaciones con aproximadamente 3.000 socios en Arrasate-Mondragon, Barakaldo (hay 3), Durango, Ermua, Lasarte-Oria, LLodio, Portugalete, Renteria, Sestao, Santurce, y Vitoria-Gasteiz. De manera similar, la diáspora gallega ha establecido 322 asociaciones en 29 países. En Euskadi se estima que residen más de 50.000 gallegos nacidos en Galicia, los cuales han constituido 14 asociaciones o centros federados en la “Irmandade de Centros Galegos en Euskadi”: 2 en Barakaldo (A, B), Bilbao, Deba, Donostia-San Sebastián, Eibar, Elgoibar, Ermua, LLodio, Ondarroa, Santurce, Sestao, Vitoria-Gasteiz, y Zarauz. Este 21 de Junio se celebra en Ansio, Barakaldo el “XXIV Día de Galicia en Euskadi”. Finalmente, hay 130 comunidades castellanas y leonesas registradas con la Junta de Castilla y León. De éstas 28 se encuentran en Argentina, Brasil, Colombia, Cuba, Chile, Guatemala, México, y Uruguay. La mayoría de ellas están asociadas a la “Confederación Internacional de Casas Regionales de Castilla y León”. Euskadi, tras Madrid, es la comunidad autónoma que tiene más asociaciones castellano-leonesas del Estado. Cuenta con 22 asociaciones registradas con la “Federación de Centros de Castilla y León en el País Vasco” (con sede en Barakaldo). Las asociaciones se encuentran en Astrabudua-Erandio, 5 en Barakaldo, Basauri, 5 en Bilbao, Donostia-San Sebastián, Durango, Eibar, Ermua, Leioa, LLodio, Portugalete, Santurce, Sestao, y Vitoria-Gasteiz.

Hoy en día, Euskadi es un pueblo de pueblos, entrelazados como hermanos; un pueblo de culturas, tradiciones e idiomas. Es un pueblo de emigrantes e inmigrantes donde se convive inmerso en una multiplicidad de complejas realidades socio-económicas, de herencias culturales, de tradiciones políticas, y de lealtades identitarias. Euskadi es una diáspora de diásporas—vasca, gallega, andaluza, castellana, extremeñamagrebí…un lugar de convivencia entre diferentes.

 

 

Esto nos sitúa ante debates de gran interés, como es el de la relación entre la idea de ciudadanía (legal-administrativo) y la de pueblo (cultural-identidad), y las distintas referencias y apelaciones que desde ambos se hacen ante las sociedades y los individuos. Sobre todo esto seguiremos proponiendo y reflexionado…