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Euskal Barcelona: Versión Original

February 28th, 2011 Pedro J. Oiarzabal 2 comments

“Gastronomía vasca en versión original” es un certificado de origen, identidad y compromiso. Usamos los mejores ingredientes y productores para cocinar de una manera limpia, saludable, respetuosa, y sobre todo, consistente con lo que nuestras abuelas vascas nos enseñaron sobre la comida y la cocina”

(Grupo Sagardi)

En mi última visita a Barcelona, si algo me quedó claro es que la densidad de turistas podría bien superar en ciertas áreas a la de los residentes censados en la Ciudad Condal. A esto le podemos sumar la gran variedad de establecimientos gastronómicos—desde aquellos que provienen de la aldea global de la comida rápida o la de las cocinas internacionales, hasta la cocina tradicional catalana, pasando por el boom de los restaurantes de “tapas” o “pintxos”, entre los que reinan los de “origen vasco”—y, sin ninguna duda, la imagen resultante es espectacularmente rica y amable. Común a todos estos restaurantes de “cocina vasca en miniatura” es su afán por esgrimir el valor de la “autenticidad” como elemento diferenciador de calidad ante una clientela extremadamente variada y cuyo conocimiento de las realidades que se contextualizan en Barcelona, Cataluña o España pueden diferir enormemente entre ellas.

A los ojos contemplativos de los defensores de la heterogeneidad se les antepone la difusión homogeneizadora del turismo de masas, propulsada por una híperglotona industria del marketing, cuyo único objeto es el de hacer negocio ya sea en nombre de la independencia de los Países Catalanes o de la unidad de España. La mirada del turista difumina los contornos de nuestras imágenes nítidas sobre lo que entendemos por identidad y sus símbolos. De hecho, no sorprende que en una misma tienda de “suvenires” se puedan vender una bandera española con la figura del toro de lidia, una “senyera” independentista, o se nos aluda al hecho diferenciador catalán en eslóganes impresos en camisetas y a la vez se nos superponga la imagen de Don Quijote y Sancho pululando por tierras castellanas bajo un sol abrasador. ¿Son dichas imágenes ciertamente antagónicas, incompatibles entre sí? La verdad es que tengo mis dudas.

Don Quijote y Sancho en Barcelona

Don Quijote y Sancho en Barcelona (2011, Pedro J. Oiarzabal)

Ejemplo de todo esto son los dos restaurantes Mikel Etxea, que se definen como “un trozo de Euskadi en el corazón de Barcelona”, o el Restaurante Sukaldari, todos ellos del Grupo AMT con sede en Barcelona, o los dos restaurantes Txapela del Grupo AN, también con sede en Barcelona. En este maremagno culinario destacan  los cuatro restaurantes Sagardi Euskal Taberna del Grupo Sagardi, empresa fundada en 1996, y en cuyo origen se encuentra Sidras Zapiain de Astigarraga. En la actualidad tiene una docena de restaurantes distribuidos por Barcelona, Granollers, Zaragoza, Madrid, Andorra La Vella, y Buenos Aires, y cuenta con cientos de empleados. Las omnipresentes Sagardi Euskal Taberna están, como no, distribuidas estratégicamente por los lugares de Barcelona más transitados por los turistas. Dicho grupo también regenta el Restaurante de la Euskal Etxea Centre Cultural. Fundada en 1979, es una de las mayores asociaciones vascas de la diáspora tanto en término de socios, unos cuatrocientos, como por su gran capacidad de organización de actividades culturales. El debate sobre el concepto de autenticidad, su interpretación, y su presencia o ausencia en las mecas gastronómicas del Euskal pintxo barcelonés, no se contrapone a la profesionalidad de los trabajadores que sustentan estos negocios o a la calidad de sus productos. Los pintxos que pudimos degustar en la Euskal Etxea fueron exquisitos.

Euskal Etxea Barcelona. Pintxo Bar

Euskal Etxea Barcelona. Pintxo Bar (2011, Pedro J. Oiarzabal)

La cocina tradicional—basada en productos de temporada y elaborada con mínimas técnicas culinarias—era un espejo de lo que la tierra y el mar producían y de lo que las personas podían cultivar. Hoy en día, la cocina tradicional se ha convertido en un producto de consumo de la sociedad post-industrial, que tan pronto se publicita en las grandes superficies de los aeropuertos como en los rincones de las ciudades más turísticas del planeta como es Barcelona. Lo que antes era común toma naturaleza de rareza, de especialidad, de originalidad y autenticidad, y cuyo valor es altamente apreciado. Es sinónimo de calidad, de ese valor primigenio anclado en nuestra memoria de lo que nuestras “abuelas” cocinaban. ¿Cómo un turista podría discernir entre la cocina vasca “made in” Donostia-San Sebastián o “made in”  Barcelona sin referencia previa alguna de lo que es la supuesta “autenticidad” de la cocina vasca tradicional, hecha y consumida en Euskal Herria? ¿No es ciertamente la subjetividad del consumidor la que confiere naturaleza de autenticidad a la cocina que saborea?

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The Basque Global Block

Algunos expertos en temas de migración consideran que los símbolos son los últimos vestigios de la identidad de aquellos emigrantes completamente asimilados a sus países de acogida. Es lo que se entiende por “identidad simbólica”, la cual es definida como una forma de expresar la identidad heredada de padres y abuelos, y que es instrumentalizada con el objetivo de evitar cualquier conflicto con las formas de vida de la sociedad en la que hijos y nietos han crecido. Una identidad simbólica que se manifiesta de forma concreta en festivales, desfiles, deportes, juegos, bailes, o en muestras culinarias.

Sin ninguna duda, los símbolos ayudan a muchos individuos de la diáspora vasca a externalizar públicamente tanto su identidad colectiva vasca como las manifestaciones culturales de dicha identidad. En sí, macro-festivales vascos como el Jaialdi de la ciudad de Boise del Estado norteamericano de Idaho, y que se está celebrando estos días, son una expresión tangible de identidad y de reafirmación cultural en un ámbito público ajeno a lo vasco. De hecho, en toda la diáspora vasca que abarca más de una veintena de países son muy pocas las comunidades que a día de hoy han podido articular y gestionar un espacio público propio. La falta de nuevas oleadas de emigrantes, el envejecimiento progresivo de la generación emigrante, su dispersión geográfica, y la regeneración urbana que han experimentado muchas ciudades han evitado que perdurasen en el tiempo algunos espacios que en su día fueron verdaderos barrios vascos, como el de Broadway de San Francisco o el de Ezeiza en Buenos Aires.

Si existe algún lugar en los Estados Unidos donde los vascos como comunidad han construido  su propio espacio público es sin ninguna duda el llamado “Basque Block” de Boise. Un lugar conformado por un museo (Basque Museum and Cultural Center), dos antiguas pensiones—hoy en día ambas destinadas a relatar la historia de las comunidades emigrantes vascas y su posterior asentamiento—dos restaurantes (el Leku Ona y el Gernika Bar), una tienda (The Basque Market), un frontón, y el edificio de la asociación vasca (Euzkaldunak). Es un paisaje urbano ampliamente saturado por símbolos vascos y del cual el visitante puede difícilmente abstraerse.

Basque Block Mural, Julio 2004. Foto de Pedro J. Oiarzabal

Basque Block Mural, Julio 2004. Foto de Pedro J. Oiarzabal

En el propio “Basque Block” un mural aúna la historia de la comunidad vasca en el Estado de Idaho y su devenir en el tiempo. El mural, diseñado por Bill Hueg en el año 2000 a petición del Museo Vasco de Boise, es un extraordinario ejemplo del poder de los símbolos como aglutinadores de la identidad colectiva y del sentir de una comunidad. De izquierda a derecha, el mural hace referencia a los viajes de Cristóbal Colón y a la participación de generaciones de vascos en el “descubrimiento”, conquista y colonización de las Américas; aparece un baserri en lo alto de una colina verde; un fragmento del Guernica de Pablo Picasso—un alto porcentaje de la comunidad vasca de Idaho procede de Bizkaia-; el Árbol de Gernika; la pensión de Uberuaga/Aguirre, establecida en 1903 en Boise; el retrato de Juanita Uberuaga Hormaechea, una de las pioneras en la enseñanza de bailes vascos en la década de 1940; el grupo de danza vasca Oinkari y que este año cumple su 50 aniversario; la Catedral Católica de St. John de Boise; un retrato de Jim Jausoro, acordeonista del grupo Oinkari desde 1947 hasta su fallecimiento en 2005; un hombre levantado una piedra cuadrangular en referencia a los deportes rurales vascos; y finalmente, como no podría ser de otra manera, se hace referencia a un campamento de pastores de ovejas, la principal ocupación de los emigrantes vascos en el Oeste Americano durante más de un siglo.

Tanto el “Basque Block” como el Jaialdi de Boise son considerados verdaderos éxitos a emular por comunidades vascas tanto de dentro como de fuera de Estados Unidos. En un contexto en el que la emigración vasca tuvo su punto final hace más de tres o cuatro décadas, ¿cuáles serían las estrategias más adecuadas que las instituciones de la diáspora vasca deberían de llevar a cabo para hacer frente al futuro más inmediato? Y en cuanto a lo que se denomina “identidad simbólica”, ¿hasta qué punto las propias comunidades de la diáspora se aferran a los símbolos como recursos para impulsar y promocionar sus propias identidades colectivas?

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Orok Bat

February 28th, 2010 Pedro J. Oiarzabal 2 comments

Sentado en un café del antiguo barrio de la Morería de Lisboa, uno no llega a imaginar el esplendor del que fuera uno de los centros neurálgicos del mundo occidental durante siglos; puente comercial, lingüístico y cultural entre Europa, África, India, Brasil y el suroeste de Asia. Herencia de todo ello, es que a día de hoy alrededor de unos 223 millones de personas a lo largo del mundo comparten la lengua y cultura portuguesas y una historia colonial y post-colonial común (repleta de luces y sombras), formando la Comunidade dos Países de Língua Portuguesa, fundada en 1996.

Desde que en 1500 Pedro Álvares Cabral llegara a las costas de lo que posteriormente se denomino como Brasil, cientos de miles de personas arribaban a Lisboa con la esperanza de poder embarcar hacia el Nuevo Mundo. La maquinaría de la conquista, colonización, expansión territorial, y explotación comercial (esclavos, azúcar, café, y oro) tomó su propio ritmo al igual que lo hiciese en el caso del Imperio Español.

Tras la invasión de Portugal por parte de Napoleón Bonaparte en 1808, la familia real portuguesa se trasladó a Brasil y otorgó a la colonia el estatus de reino en 1815, haciendo de Río de Janeiro la capital del Imperio Portugués. Era la primera vez en la historia de Europa que una colonia llegó a albergar la capital de su propia metrópoli. A pesar de la derrota de Bonaparte y la restauración de la monarquía en tierra portuguesa, el movimiento independentista que surgió a lo largo de América en el siglo diecinueve, provocó, dentro de las élites brasileñas, un mayor deseo de distanciarse de Portugal para afirmarse como pueblo soberano. El 7 de septiembre de 1822, se proclamó la independencia de Brasil.

Seis décadas más tarde, en 1881, una asociación vasca llamada Euskaldunak Orok Bat fue establecida en Río de Janeiro. Fue la primera asociación vasca, de la que se tiene conocimiento, en la historia de Brasil y del cuasi-finiquitado Imperio Portugués. Unos años antes se habían ya establecido las primeras organizaciones post-coloniales de la diáspora vasca en la región del Río de la Plata (hoy en día, Argentina y Uruguay). En 1876, la asociación Laurak Bat fue creada en Montevideo y en 1877, La Sociedad Vasco-Española Laurac Bat (conocida posteriormente como Laurak Bat) fue fundada en Buenos Aires. De manera coincidente, a miles de kilómetros de distancia, las comunidades vascas de Manila y La Habana, todavía bajo control político y militar español, se organizaron formalmente en 1877 y 1878, respectivamente.

Tal y como vemos, las diásporas son retazos del devenir de la propia historia, hijas de un hogar abandonado, que se aleja en el tiempo y en la distancia física pero que se ancla en la memoria de individuos y comunidades que la componen. Sus esfuerzos por continuar siendo una parte integral tanto del país de origen como el de acogida y no verse relegados al ostracismo del olvido y de la asimilación, es una lucha continua de titanes contra el tiempo. Hoy en día el único vestigio asociativo vasco en Brasil es Eusko Alkartasuna, el cual fue fundado en 1959 en la ciudad de São Paolo. Muy posiblemente el espíritu de unidad y solidaridad que dio lugar al Euskaldunak Orok Bat, “Todos los Vascos en Uno”, continúa, hoy en día, en vigor en la asociación Eusko Alkartsauna.

Poco se sabe del Euskaldunak Orok Bat y de los individuos que la albergaron y fomentaron, los motivos que les hicieron emigrar a Brasil, de las actividades que llevaron a cabo, y del por qué de su desvanecimiento en el tiempo. Sin ninguna duda es todo un reto para la historiografía. Un mayor número de estudios sobre la emigración vasca a Brasil, antes y después de su independencia, son hoy más que nunca necesarios. Adentrarse en la historia de la diáspora vasca, y particularmente de sus comunidades emigrantes minoritarias, es una de las mejores maneras de conocer nuestro presente como país. Tras siglos de emigración en búsqueda de un mundo mejor, Euskal Herria se ha convertido por primera vez en un país de acogida de inmigrantes de origen no europeo. Qué mejor forma de celebrar la llegada de nuevas gentes que ofrecerles la historia de nuestros conciudadanos por el mundo. Una nueva historia común, hecha por todos. Orok Bat!

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euskadiS…made in

Escribí tiempo atrás como los procesos de modernización e industrialización que tuvieron lugar en nuestro país desde mediados del S. XIX atrajeron a cientos de miles de inmigrantes procedentes de todos los rincones de España. Estos, al igual que hicieron los miles y miles de vascos que emigraron particularmente a Argentina, Uruguay, Chile y al Far West norteamericano durante esos mismos años, no sólo portaban sus enseres más básicos sino una pléyade de tradiciones culturales e identidades que pronto tendrían una plasmación institucional en lo que algunos denominan como “casas provinciales”, “regionales” o “autonómicas”, donde se aúnan y retroalimentan sentimiento y acción.

La comunidad gallega en Barakaldo estableció en 1901 el “Centro Galego de Bizkaia”, convirtiéndose en el segundo más antiguo del mundo de la comunidad diaspórica gallega, tras erigir en Uruguay el “Centro Galego de Montevideo” en 1879. Tres años antes, en esa misma cuidad rioplatense fue creada la primera asociación moderna de la diáspora vasca, el “Laurac Bat”, como respuesta a la abolición de los fueros. Por el mismo motivo se estableció la asociación también llamada “Laurak Bat” en Buenos Aires en 1877. Ese mismo año se creó una asociación vasca en Manila, y en 1878 se fundó la “Asociación Vasco-Navarra de Beneficencia” en La Habana. En 1881, “La Ciudad de las Columnas” fue a su vez testigo del nacimiento de la “Sociedad de Beneficencia de Naturales de Andalucía y sus Descendientes”, la asociación de andaluces más antigua del planeta. En 1895, en una exuberante Buenos Aires, se crearon el Centre Basque-Français” y el “Centro Navarro”. En Bahía Blanca, al suroeste de la provincia de Buenos Aires, se fundó en 1899 la “Sociedad Laurak Bat de Socorros Mutuos” (rebautizada como “Unión Vasca de Socorros Mutuos”). En 1901 se fundó también en Buenos Aires la “Asociación Cultural y de Beneficencia Euskal Echea” llegando a ser la primera asociación vasca extraterritorial que integró con gran éxito a naturales y descendientes de ambas vertientes de los Pirineos.

Tras este pequeño periplo histórico, malabar de fechas, nombres y lugares, regresamos a la Euskadi de principios del S. XX, y es que en 1903 la comunidad castellana procedente de Burgos establece la “Colonia Burgalesa en Bilbao” (hoy en día el “Centro Burgalés de Bilbao”) siendo una de las más decanas de la diáspora castellana. A día de hoy, la diáspora vasca ha establecido 211 asociaciones—socio-culturales, recreacionales, educacionales, políticas y de negocios—en 24 países: Alemania, Andorra, Argentina, Australia, Brasil, Canadá, Chile, China, Colombia, Cuba, El Salvador, España, Estados Unidos, Francia, Italia, México, Paraguay, Perú, Puerto Rico, Suiza, Reino Unido, Republica Dominicana, Uruguay, y Venezuela.

(IV Feria Itinerante Extremeña. Ametzola, Bilbao. Días 3, 4 y 5 de octubre de 2.008)

Igualmente las comunidades de emigrantes gallegas, andaluzas, castellanas o extremeñas, entre otras, se multiplicaron a lo largo de los años. Por ejemplo, la diáspora extremeña agrupa a 121 asociaciones en cinco países. Tan sólo hay 12 fuera del Estado Español. En Euskadi, con una población de aproximadamente 80.000 nacidos extremeños, hay 17 agrupadas en la “Federación de Asociaciones Extremeñas de Euskadi, Veturia” (creada en 1984 con sede en Santurce), que cuentan con un total de 3.000 socios en Andoain, Astrabudua-Erandio, Barakaldo, Bilbao, Donostia-San Sebastián, Durango, Ermua, Galdakao, Lasarte-Oria, Legazpi, LLodio, Mondragón, Renteria, Santurce, Tolosa, Vitoria-Gasteiz, y Zarauz. Con referencia al desarrollo e implantación de comunidades andaluzas a lo largo del mundo, hay identificadas unas 351, pero solamente 63 se encuentran fuera del Estado Español. En Euskadi, con una población de más de 36.000 personas de origen andaluz, la “Federación de Asociaciones Regionales Andaluzas en Euskadi, García Lorca” (creada en 1986) agrupa a 13 asociaciones con aproximadamente 3.000 socios en Arrasate-Mondragon, Barakaldo (hay 3), Durango, Ermua, Lasarte-Oria, LLodio, Portugalete, Renteria, Sestao, Santurce, y Vitoria-Gasteiz. De manera similar, la diáspora gallega ha establecido 322 asociaciones en 29 países. En Euskadi se estima que residen más de 50.000 gallegos nacidos en Galicia, los cuales han constituido 14 asociaciones o centros federados en la “Irmandade de Centros Galegos en Euskadi”: 2 en Barakaldo (A, B), Bilbao, Deba, Donostia-San Sebastián, Eibar, Elgoibar, Ermua, LLodio, Ondarroa, Santurce, Sestao, Vitoria-Gasteiz, y Zarauz. Este 21 de Junio se celebra en Ansio, Barakaldo el “XXIV Día de Galicia en Euskadi”. Finalmente, hay 130 comunidades castellanas y leonesas registradas con la Junta de Castilla y León. De éstas 28 se encuentran en Argentina, Brasil, Colombia, Cuba, Chile, Guatemala, México, y Uruguay. La mayoría de ellas están asociadas a la “Confederación Internacional de Casas Regionales de Castilla y León”. Euskadi, tras Madrid, es la comunidad autónoma que tiene más asociaciones castellano-leonesas del Estado. Cuenta con 22 asociaciones registradas con la “Federación de Centros de Castilla y León en el País Vasco” (con sede en Barakaldo). Las asociaciones se encuentran en Astrabudua-Erandio, 5 en Barakaldo, Basauri, 5 en Bilbao, Donostia-San Sebastián, Durango, Eibar, Ermua, Leioa, LLodio, Portugalete, Santurce, Sestao, y Vitoria-Gasteiz.

Hoy en día, Euskadi es un pueblo de pueblos, entrelazados como hermanos; un pueblo de culturas, tradiciones e idiomas. Es un pueblo de emigrantes e inmigrantes donde se convive inmerso en una multiplicidad de complejas realidades socio-económicas, de herencias culturales, de tradiciones políticas, y de lealtades identitarias. Euskadi es una diáspora de diásporas—vasca, gallega, andaluza, castellana, extremeñamagrebí…un lugar de convivencia entre diferentes.

Esto nos sitúa ante debates de gran interés, como es el de la relación entre la idea de ciudadanía (legal-administrativo) y la de pueblo (cultural-identidad), y las distintas referencias y apelaciones que desde ambos se hacen ante las sociedades y los individuos. Sobre todo esto seguiremos proponiendo y reflexionado…

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