Tag Archives: Emigración

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“Vengo del desierto y vi a mi abuelo sembrar en el desierto… Siembra en una tierra árida y luego espera. Si cae la lluvia, recolecta… Un día, usted marcha sobre una tierra completamente quemada, luego llueve y lo que sigue, usted se pregunta cómo ha podido producirse: tienes flores, verdor…porque los granos ya estaban ahí… ¡Hay que sembrar! ¡Incluso en el desierto, hay que sembrar! …Siembro y si mañana llueve, está bien, y si no, al menos los granos están ahí, porque ¿qué va a pasar si no siembro? ¿Sobre qué caerá la lluvia? ¿Qué es lo que va a crecer, piedras? Es la actitud que adopto: sembrar en el desierto”.

(Moncef Marzouki, Mayo 2010)

No es difícil imaginar a aquellos pioneros de la cultura y de la política vasca, surgidos de las comunidades de emigrantes y exiliados de finales del siglo XIX a lo largo del continente americano, aunando esfuerzos con grandes dosis de sacrificio y sorteando todo tipo de obstáculos con el objetivo de lograr que las semillas que en su día plantaron pudieran germinar y florecer en tierra extraña, por muy árida y hostil que fuera. En sí se convirtieron en verdaderos “sembradores de cultura”—como le gusta recordar a Mikel Ezkerro.

Este año se celebra tanto el centenario de la Sociedad de Confraternidad Vasca “Euskal Erria” de Montevideo (Uruguay) como el del Centro Zazpirak-Bat de Rosario (Argentina), ambas fundadas en un intervalo de dos meses. Aun estando ubicadas en ciudades separadas por más de 700 kilómetros, con el transcurso del tiempo fueron entrelazadas por oleadas de emigrantes provenientes de muy diversos lugares de Europa entre los que se encontraban vascos de ambas vertientes de los Pirineos. A pesar de la emancipación de las colonias americanas, la emigración vasca continúo hacia América, eligiendo destinos como Chile y el Río de la Plata—hoy en día Argentina y Uruguay. Se estima que entre la década de 1830 y principios del siglo XX decenas de miles de vascos emigraron legalmente al Nuevo Mundo. Durante el siglo XIX, los territorios vascos estuvieron plagados de crecientes dificultades socio-económicas al igual que de una sobrecogedora inestabilidad política, en forma de revoluciones y guerras que empujaron a muchos de sus ciudadanos a emigrar, tanto para mejorar su calidad de vida como simplemente para salvarla. Bien es cierto que el siglo XX no fue más amable para los vascos que las anteriores eras. La Guerra Civil Española y las dos guerras mundiales forzaron a miles y miles de vascos al exilio, a los que se sumaron aquellos otros de carácter económico como consecuencia de la postguerra.

A lo largo de estos 100 años la transmisión de la identidad vasca dentro de las propias colectividades ya sea en Argentina o en Uruguay ha sido altamente exitosa, y suficientemente abierta y atractiva propiciando la incorporación de personas que se han educado en otros marcos culturales y de identidad. Como escribí en su momento “la identidad vasca, al igual que otras muchas identidades en el mundo actual es, ante todo, una identidad permeable, elástica, múltiple, que se negocia, renegocia, construye y reconstruye constantemente en los diversos contextos temporales y espaciales en los que se desenvuelve, y en los que conviven diversidad de referentes y repertorios identitarios, abiertos, y ajerárquicos”. Por todo ello no es de extrañar, por ejemplo, que la Cámara Nacional de Representantes de Uruguay haya homenajeado a los fundadores de Euskal Erria, y por ende a la colectividad vasca de la capital, por su contribución al desarrollo del país o que el Gobierno Provincial de Santa Fe y la Municipalidad de Rosario hayan declarado de interés público todos los actos que lleve a cabo el Zazpirak-Bat como conmemoración de su centenario.

eErriaMendeurrenSeilu-haSello conmemorativo del centenario de la Confraternidad Vasca de Euskal Erria. Imagen: Dirección Nacional de Correos de Uruguay (25 de mayo de 2012).

El trabajo abnegado de un número determinado de personas a lo largo y ancho de nuestras diásporas vascas, a la vez que un ejemplo a imitar, es aun más valioso en un contexto de casi nula emigración, de envejecimiento de la población del exterior, y en muchos casos de una falta de relevo generacional que pueda reactualizar imaginativamente la herencia cultural y a la vez fortalecer el entramado institucional existente. Aquellos vascos de Rosario y Montevideo, y de tantos otros lugares, quizás jamás pensaron que las semillas que plantaron en su día les sobrevivieran, florecieran como lo han hecho, y pudieran auto-perpetuarse generación tras generación hasta llegar a día de hoy. Sin ninguna duda también se encontraron con numerosos problemas pero decidieron continuar hacia adelante.

¡Hay que sembrar! ¡Incluso en el desierto, hay que sembrar!”

Zorionak Euskal Herria eta Zazpirak-Bat!!

¿Conoces a algún “sembrador” de cultura vasca en tu colectividad, en tu país? ¿Te gustaría compartir su historia?

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Etxea

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En memoria de Gonzalo Melendo Quesada e Iñaki Beti

“Geográficamente, el hogar es determinado lugar de la superficie terrestre. El lugar en que me encuentro es mi “morada”; el lugar donde pienso permanecer es mi “residencia”; el lugar de donde provengo y quiero ir es mi “hogar”. Pero no es sólo el lugar mi casa, mi habitación, mi jardín, mi ciudad. Sino todo lo que representa”

(Alfred Schutz, La Vuelta al Hogar, 1974)

Todo proceso migratorio conlleva una “ganancia” pero también una “pérdida” que afectan a la propia identidad del emigrante tanto en su capacidad de adaptación al nuevo país de acogida como en su capacidad por sobrellevar la separación tanto de los familiares y amigos como de la cultura, lengua y país. ¿Qué representa el hogar tanto para los cientos de miles de emigrantes y exiliados vascos, como para aquellos que retornaron o aquellos otros que permanecieron en el país?

No es de extrañar los intentos por parte de emigrantes, exiliados y sus descendientes por querer construir un nuevo espacio donde recrear un nuevo hogar, ya sea temporal o permanente, en el que revivir lo dejado atrás y lo heredado de generación en generación. Un espacio que articula el pasado y el presente, y que se encuentra a caballo entre el país de sus antepasados y el país donde han crecido sus hijos e hijas. En sí este nuevo hogar aúna ambos mundos temporales entrelazando emocionalmente la casa abandonada por el padre y la creada para los hijos. Hogares que se multiplican en cada una de las vivencias de aquellos vascos que salieron de Euskal Herria en búsqueda de un mayor grado de felicidad, libertad o de un deseo de prosperar, formando nuevas geografías emocionales que a día de hoy vertebran las diferentes diásporas vascas.

De esta manera, no es ninguna casualidad encontrarse múltiples referencias al hogar, a la casa o etxea, a la familia, o a la amistad en las propias denominaciones de muchas asociaciones vascas del exterior como por ejemplo Hogar Vasco (Madrid), Danak Anaiak (Todos Hermanos), Euskal Anaitasuna (Fraternidad Vasca), Gure Etxe Maitea (Nuestra Amada Casa), Gure Etxea (Nuestro Hogar; General Belgrano, Buenos Aires), Euzko (Eusko) Etxea (La Casa Vasca; Santiago de Chile), Gure Eusko Tokia (Nuestro Sitio Vasco), Etxe Alai (Hogar Feliz), Txoko Alai (Rincón Feliz; Miami), Eusko Aterpea (El Refugio Vasco), Gure Baserria (Nuestro Caserío); Lagun Onak (Buenos Amigos; Las Vegas), Gure Txoko (Nuestro Rincón; Sídney), Euskal Lagunak (Amigos Vascos), o Txoko Lagunartea (El Rincón del Grupo de Amigos).

DSC05268“Gure Euskal Etxea”. Basque Cultural Center, San Francisco (Fotografía: Pedro J. Oiarzabal).

Y el transcurso del tiempo hace que el sentimiento de pertenencia con respecto al país de adopción pueda extenderse y arraigarse entre aquellos emigrantes que optaron por no marcar en el calendario una fecha definitiva de regreso. Una permanencia que da lugar a diversas formas de sentirse y de entender una identidad entre dos culturas y dos hogares siempre cambiantes, y que a la vez se hacen cercanos y lejanos, y que a la vez son conocidos y extraños. Este es el caso de Gonzalo Melendo, andaluz de Córdoba y vasco de adopción. Fue fundador de la Casa Andaluza de Sestao (1984) y su presidente durante 23 años. Falleció el pasado mes de febrero en Madrid a la edad de 75 años. Su última voluntad fue la de ser enterrado en Sestao, en la tierra en la que vivió felizmente durante décadas.

¿Y cuál fue el hogar para aquellos vascos que regresaron a Euskal Herria?

Por ejemplo, según cuenta Koldo San Sebastián, José Hipólito Amias Foruria, nacido en Ispaster (Bizkaia) en 1876, emigró con la edad de 20 años a Estados Unidos, donde fue pastor en el Condado de Malheur del Estado de Oregón. Tras años de estancia en América decidió regresar. En Ispaster construyó un nuevo hogar, una casa solariega a la que llamó “Oregon”. En  la misma localidad de la comarca de Lea Artibai se alza una casa que lleva por nombre “Nevada”, gemela a la de la familia Amias. En la actualidad, en el Condado de Washoe del Estado de Nevada hay una pequeña carretera que lleva por nombre “Ispaster”…a su lado las calles “Navarra”, “Lesaka”, “Pyrenees”, “Euskera”…nos recuerdan la presencia de aquellos vascos que dejaron de transitar esas tierras tiempo atrás, poniendo fin, quizás, a su aventura en América.

Y para vosotros ¿qué es el hogar? ¿Dónde se encuentra vuestro hogar?

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Cartografía de emociones

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“Cuando pronuncio la palabra Futuro la primera sílaba pertenece ya al Pasado”

(Wislawa Szymborska)

Mientras leéis estas letras debería de estar cruzando el Atlántico al reencuentro con un yo entregado voluntariamente al olvido. Las agujas del reloj se ralentizan. No hay tiempo como el de los aeropuertos donde su transcurrir se congela como postales de un pasado inamovible. Echo la vista atrás y hago recuento de los casi tres años que llevo fuera del país. A pesar del tiempo transcurrido prevalece el hecho de pensar que todo lo que dejé tras de mi continúa como lo dejé. Revisito lugares de ausencias que ya solamente habitan en mi memoria. ¿Dónde ha quedado el hogar? ¿Dónde fueron a parar los infinitos cielos azules de Reno, el calor de los días, el frío de las noches, el eco del sonido?

Mi casa es un paisaje de horarios discontinuos y de emociones entrelazadas que buscan un equilibrio entre la necesidad del olvido y el peso de la memoria. El resultado son paredes cubiertas por tapices hechos con finas hebras de sueños, recuerdos y añoranzas que ansían imaginarse otros mundos posibles donde volver a comenzar y poder recrear una nueva casa ante la imposibilidad de regresar al pasado.

Ely_Nov2008 (41)The Paris Ranch, Ely, Nevada (Fotografía de P. J. Oiarzabal)

En el libro Mountain City (2000) el autor vasco-americano Martin Gregory reflexiona sobre su niñez, juventud, el significado del hogar y sobre aquellos emigrantes vascos con los que se relacionó durante sus estancias en el pueblo de Mountain City del estado norteamericano de Nevada. Muchos de estos personajes han desaparecido excepto en la memoria de aquellos que les conocieron. Gregory concluye en tono triste y de resignación: “Para mí el hogar es aquel lugar que no puedo evitar que desaparezca”.

La memoria—en esa lucha del recuerdo contra el olvido—en sí es baldía sino se transmite. En nosotros esta el rescatar del olvido la memoria de aquellos vascos que, como los de Mountain City y de tantos otros lugares esparcidos por el continente americano, han sido testigos únicos de un pasado, y que como tal no volverá, pero que es necesario recordarlo. La memoria se alimenta de sí misma, de los recuerdos que aviva, que hacen de su esencia inmaterial una permanencia palpable entre nosotros. Los emigrantes vascos y sus descendientes han generado un imaginario y un legado cultural que han propiciado fuertes vínculos entre ambas orillas del Atlántico, tejiendo una cartografía de emociones que no tienen en cuenta ni fronteras temporales ni espaciales.

¿Qué permanecerá de las Euskal Herrias del Oeste Americano? ¿Qué quedará cuando toda una generación de personas que forman parte de esa memoria colectiva de emigración, expatriación y exilio haya irremediablemente desaparecido? ¿Qué será de esa “casa vasca” erigida en suelo americano?

Ely_Nov2008 (6)Mural en honor a los Pastores Vascos, Ely, Nevada (Fotografía de P. J. Oiarzabal)

Ante el relativo grado de desconocimiento de la sociedad actual sobre el hecho emigratorio se han puesto en marcha diferentes iniciativas que bien podrían afianzar el trabajo a favor de la recuperación de la memoria histórica de la emigración. Por ejemplo, la Junta de la Comunidad Autónoma de Extremadura creo en el mes de Abril el Museo Virtual de la Emigración Extremeña que podría ser un modelo a seguir en el caso de la diáspora vasca. Sin duda alguna, se requiere un firme compromiso con la memoria, con nuestra historia de emigración y retorno con el objetivo de recuperar y divulgar la memoria oral de los vascos del exterior y de aquellos que regresaron en su día como una parte fundamental del patrimonio inmaterial de Euskal Herria. ¡Hay tanto por hacer!

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Orok Bat

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Sentado en un café del antiguo barrio de la Morería de Lisboa, uno no llega a imaginar el esplendor del que fuera uno de los centros neurálgicos del mundo occidental durante siglos; puente comercial, lingüístico y cultural entre Europa, África, India, Brasil y el suroeste de Asia. Herencia de todo ello, es que a día de hoy alrededor de unos 223 millones de personas a lo largo del mundo comparten la lengua y cultura portuguesas y una historia colonial y post-colonial común (repleta de luces y sombras), formando la Comunidade dos Países de Língua Portuguesa, fundada en 1996.

Desde que en 1500 Pedro Álvares Cabral llegara a las costas de lo que posteriormente se denomino como Brasil, cientos de miles de personas arribaban a Lisboa con la esperanza de poder embarcar hacia el Nuevo Mundo. La maquinaría de la conquista, colonización, expansión territorial, y explotación comercial (esclavos, azúcar, café, y oro) tomó su propio ritmo al igual que lo hiciese en el caso del Imperio Español.

Tras la invasión de Portugal por parte de Napoleón Bonaparte en 1808, la familia real portuguesa se trasladó a Brasil y otorgó a la colonia el estatus de reino en 1815, haciendo de Río de Janeiro la capital del Imperio Portugués. Era la primera vez en la historia de Europa que una colonia llegó a albergar la capital de su propia metrópoli. A pesar de la derrota de Bonaparte y la restauración de la monarquía en tierra portuguesa, el movimiento independentista que surgió a lo largo de América en el siglo diecinueve, provocó, dentro de las élites brasileñas, un mayor deseo de distanciarse de Portugal para afirmarse como pueblo soberano. El 7 de septiembre de 1822, se proclamó la independencia de Brasil.

Seis décadas más tarde, en 1881, una asociación vasca llamada Euskaldunak Orok Bat fue establecida en Río de Janeiro. Fue la primera asociación vasca, de la que se tiene conocimiento, en la historia de Brasil y del cuasi-finiquitado Imperio Portugués. Unos años antes se habían ya establecido las primeras organizaciones post-coloniales de la diáspora vasca en la región del Río de la Plata (hoy en día, Argentina y Uruguay). En 1876, la asociación Laurak Bat fue creada en Montevideo y en 1877, La Sociedad Vasco-Española Laurac Bat (conocida posteriormente como Laurak Bat) fue fundada en Buenos Aires. De manera coincidente, a miles de kilómetros de distancia, las comunidades vascas de Matanzas, Cuba, y Manila, Filipinas, todavía bajo control político y militar español, se organizaron formalmente en 1868 y alrededor de la década de 1880, respectivamente.

Tal y como vemos, las diásporas son retazos del devenir de la propia historia, hijas de un hogar abandonado, que se aleja en el tiempo y en la distancia física pero que se ancla en la memoria de individuos y comunidades que la componen. Sus esfuerzos por continuar siendo una parte integral tanto del país de origen como el de acogida y no verse relegados al ostracismo del olvido y de la asimilación, es una lucha continua de titanes contra el tiempo. Hoy en día el único vestigio asociativo vasco en Brasil es Eusko Alkartasuna, el cual fue fundado en 1959 en la ciudad de São Paolo. Muy posiblemente el espíritu de unidad y solidaridad que dio lugar al Euskaldunak Orok Bat, “Todos los Vascos en Uno”, continúa, hoy en día, en vigor en la asociación Eusko Alkartsauna.

Poco se sabe del Euskaldunak Orok Bat y de los individuos que la albergaron y fomentaron, los motivos que les hicieron emigrar a Brasil, de las actividades que llevaron a cabo, y del por qué de su desvanecimiento en el tiempo. Sin ninguna duda es todo un reto para la historiografía. Un mayor número de estudios sobre la emigración vasca a Brasil, antes y después de su independencia, son hoy más que nunca necesarios. Adentrarse en la historia de la diáspora vasca, y particularmente de sus comunidades emigrantes minoritarias, es una de las mejores maneras de conocer nuestro presente como país. Tras siglos de emigración en búsqueda de un mundo mejor, Euskal Herria se ha convertido por primera vez en un país de acogida de inmigrantes de origen no europeo. Qué mejor forma de celebrar la llegada de nuevas gentes que ofrecerles la historia de nuestros conciudadanos por el mundo. Una nueva historia común, hecha por todos. Orok Bat!

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euskadiS…made in

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Escribí tiempo atrás como los procesos de modernización e industrialización que tuvieron lugar en nuestro país desde mediados del S. XIX atrajeron a cientos de miles de inmigrantes procedentes de todos los rincones de España. Estos, al igual que hicieron los miles y miles de vascos que emigraron particularmente a Argentina, Uruguay, Chile y al Far West norteamericano durante esos mismos años, no sólo portaban sus enseres más básicos sino una pléyade de tradiciones culturales e identidades que pronto tendrían una plasmación institucional en lo que algunos denominan como “casas provinciales”, “regionales” o “autonómicas”, donde se aúnan y retroalimentan sentimiento y acción.

La comunidad gallega en Barakaldo estableció en 1901 el “Centro Galego de Bizkaia”, convirtiéndose en el segundo más antiguo del mundo de la comunidad diaspórica gallega, tras erigir en Uruguay el “Centro Galego de Montevideo” en 1879. Tres años antes, en esa misma cuidad rioplatense fue creada la primera asociación moderna de la diáspora vasca, el “Laurac Bat”, como respuesta a la abolición de los fueros. Por el mismo motivo se estableció la asociación también llamada “Laurak Bat” en Buenos Aires en 1877. Ese mismo año se creó una asociación vasca en Manila, y en 1878 se fundó la “Asociación Vasco-Navarra de Beneficencia” en La Habana. En 1881, “La Ciudad de las Columnas” fue a su vez testigo del nacimiento de la “Sociedad de Beneficencia de Naturales de Andalucía y sus Descendientes”, la asociación de andaluces más antigua del planeta. En 1895, en una exuberante Buenos Aires, se crearon el “Centre Basque-Français” y el “Centro Navarro”. En Bahía Blanca, al suroeste de la provincia de Buenos Aires, se fundó en 1899 la “Sociedad Laurak Bat de Socorros Mutuos” (rebautizada como “Unión Vasca de Socorros Mutuos”). En 1901 se fundó también en Buenos Aires la “Asociación Cultural y de Beneficencia Euskal Echea” llegando a ser la primera asociación vasca extraterritorial que integró con gran éxito a naturales y descendientes de ambas vertientes de los Pirineos.

Logo130Aniversario

Tras este pequeño periplo histórico, malabar de fechas, nombres y lugares, regresamos a la Euskadi de principios del S. XX, y es que en 1903 la comunidad castellana procedente de Burgos establece la “Colonia Burgalesa en Bilbao” (hoy en día el “Centro Burgalés de Bilbao”) siendo una de las más decanas de la diáspora castellana. A día de hoy, la diáspora vasca ha establecido 211 asociaciones—socio-culturales, recreacionales, educacionales, políticas y de negocios—en 24 países: Alemania, Andorra, Argentina, Australia, Brasil, Canadá, Chile, China, Colombia, Cuba, El Salvador, España, Estados Unidos, Francia, Italia, México, Paraguay, Perú, Puerto Rico, Suiza, Reino Unido, Republica Dominicana, Uruguay, y Venezuela.

Igualmente las comunidades de emigrantes gallegas, andaluzas, castellanas o extremeñas, entre otras, se multiplicaron a lo largo de los años. Por ejemplo, la diáspora extremeña agrupa a 121 asociaciones en cinco países. Tan sólo hay 12 fuera del Estado Español. En Euskadi, con una población de aproximadamente 80.000 nacidos extremeños, hay 17 agrupadas en la “Federación de Asociaciones Extremeñas de Euskadi, Veturia” (creada en 1984 con sede en Santurce), que cuentan con un total de 3.000 socios en Andoain, Astrabudua-Erandio, Barakaldo, Bilbao, Donostia-San Sebastián, Durango, Ermua, Galdakao, Lasarte-Oria, Legazpi, LLodio, Mondragón, Renteria, Santurce, Tolosa, Vitoria-Gasteiz, y Zarauz. Con referencia al desarrollo e implantación de comunidades andaluzas a lo largo del mundo, hay identificadas unas 351, pero solamente 63 se encuentran fuera del Estado Español. En Euskadi, con una población de más de 36.000 personas de origen andaluz, la “Federación de Asociaciones Regionales Andaluzas en Euskadi, García Lorca” (creada en 1986) agrupa a 13 asociaciones con aproximadamente 3.000 socios en Arrasate-Mondragon, Barakaldo (hay 3), Durango, Ermua, Lasarte-Oria, LLodio, Portugalete, Renteria, Sestao, Santurce, y Vitoria-Gasteiz. De manera similar, la diáspora gallega ha establecido 322 asociaciones en 29 países. En Euskadi se estima que residen más de 50.000 gallegos nacidos en Galicia, los cuales han constituido 14 asociaciones o centros federados en la “Irmandade de Centros Galegos en Euskadi”: 2 en Barakaldo (A, B), Bilbao, Deba, Donostia-San Sebastián, Eibar, Elgoibar, Ermua, LLodio, Ondarroa, Santurce, Sestao, Vitoria-Gasteiz, y Zarauz. Este 21 de Junio se celebra en Ansio, Barakaldo el “XXIV Día de Galicia en Euskadi”. Finalmente, hay 130 comunidades castellanas y leonesas registradas con la Junta de Castilla y León. De éstas 28 se encuentran en Argentina, Brasil, Colombia, Cuba, Chile, Guatemala, México, y Uruguay. La mayoría de ellas están asociadas a la “Confederación Internacional de Casas Regionales de Castilla y León”. Euskadi, tras Madrid, es la comunidad autónoma que tiene más asociaciones castellano-leonesas del Estado. Cuenta con 22 asociaciones registradas con la “Federación de Centros de Castilla y León en el País Vasco” (con sede en Barakaldo). Las asociaciones se encuentran en Astrabudua-Erandio, 5 en Barakaldo, Basauri, 5 en Bilbao, Donostia-San Sebastián, Durango, Eibar, Ermua, Leioa, LLodio, Portugalete, Santurce, Sestao, y Vitoria-Gasteiz.

Hoy en día, Euskadi es un pueblo de pueblos, entrelazados como hermanos; un pueblo de culturas, tradiciones e idiomas. Es un pueblo de emigrantes e inmigrantes donde se convive inmerso en una multiplicidad de complejas realidades socio-económicas, de herencias culturales, de tradiciones políticas, y de lealtades identitarias. Euskadi es una diáspora de diásporas—vasca, gallega, andaluza, castellana, extremeñamagrebí…un lugar de convivencia entre diferentes.

Esto nos sitúa ante debates de gran interés, como es el de la relación entre la idea de ciudadanía (legal-administrativo) y la de pueblo (cultural-identidad), y las distintas referencias y apelaciones que desde ambos se hacen ante las sociedades y los individuos. Sobre todo esto seguiremos proponiendo y reflexionado…

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Handik-Hona: 1959-2009

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Este primer fin de semana de Junio marca el cincuenta aniversario del Western Basque Festival, considerado el primer festival vasco sino a nivel nacional al menos a nivel regional en la historia de Estados Unidos. El festival se celebró en la localidad de Sparks del estado de Nevada y atrajo a miles de vascos (y vascas) esparcidos por todo el territorio. Marcó un antes y un después. El éxito de dicho festival revitalizó a las diferentes comunidades vascas del Oeste Americano, plantando una semilla que continua fructificando, sin ninguna duda, hasta el día de hoy. Este resurgimiento por el interés de la identidad y de la cultura no se limitó a la población vasca sino que se extendió al resto de grupos, particularmente de origen europeo. Estos movimientos identitarios buscaban una cierta autenticidad perdida en el pasado y reclamaban por primera vez la identidad de sus antepasados como la suya propia. El modelo de asimilación de emigrantes impulsado por el gobierno americano había fracasado. Se abrieron las puertas al multiculturalismo y se favorecieron políticas que promovían hasta cierto punto las distintas culturas y lenguas de los llamados grupos “étnicos” del país. Se fomento la identidad compuesta (por ejemplo, la identidad vasco-americana) como la nueva forma de ser americano. Asociaciones vascas se multiplicaron a raíz del éxito de aquel “laboratorio” identitario que fue Sparks. Hoy en día, la Federación de Organizaciones Vasco-Americanas (NABO) no solamente integra a casi cuarenta asociaciones vascas de Estados Unidos, sino también a las canadienses de Quebec y Vancouver, siendo la primera federación vasca de este tipo a nivel mundial de carácter transfronterizo.

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Durante los días 24, 25 y 26 de Julio, la localidad limítrofe con Sparks, Reno (cuna del Centro y Biblioteca de Estudios Vascos, el Consorcio de Estudios Universitarios en el Extranjero, USAC, la Serie del Libro Vasco de la Universidad de Nevada, el grupo de danzas Zenbat Gara, y la asociación Zazpiak Bat) será testigo una vez más de una de las mayores concentraciones de vascas (y vascos) en la historia de Estados Unidos, con el objetivo de conmemorar el cincuenta aniversario de aquella euskal jaia de Sparks, con la mente puesta en las próximas generaciones y en la responsabilidad de continuar renovando la cultura vasca en el país norte americano. Es la gran cita vasca del año en Estados Unidos. En un mundo altamente globalizado, donde impera la noticia triste, gris y apocalíptica sobre el futuro inmediato de nuestras economías y sociedades, es realmente agradable comprobar que lo local y lo minorizado son valores en alza, aunque éstos no se coticen precisamente en Wall Street. No hay apenas distancia física entre las ciudades de Sparks y Reno, sin embargo ha transcurrido medio siglo de grandes esfuerzos, sacrificios, y también de satisfacciones entre ambos eventos. La comunidad vasca en América se encuentra en constante reflexión sobre la forma de afrontar el futuro de su identidad vasca, el mantenimiento de sus tradiciones, y sobre todo la recuperación y fortalecimiento del euskera, especialmente entre los más jóvenes. Reno es cita inigualable en el ámbito cultural de la Euskal Herria exterior. Durante los días 24, 25 y 26 de Julio Reno va a ser la capital de la cultura vasca. No se pierdan esta gran oportunidad y disfruten de este fenomenal aniversario.

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