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Fermín Goñi (1922-2010): mi último adiós

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Adiós, padres y hermanos, trozos del alma mía,

Amigos de la infancia en el perdido hogar,

Dad gracias que descanso del fatigoso día;

Adiós, dulce extranjera, mi amiga, mi alegría,

Adiós, queridos seres. Morir es descansar.

(José P. Rizal, 1896)

Fermín era un poliglota consumado, amante de la historia, exquisito cocinero, excelente anfitrión y un infatigable conversador con una memoria envidiable. El último poema que escribiera Rizal antes de ser ejecutado por oficiales españoles consta de catorce estrofas—y aquí incluyo sus últimos versos—era recitado por Fermín sin gran esfuerzo, de principio a fin. Fermín estuvo casado con Margie, su inseparable compañera durante los últimos 59 años y fueron padres de cuatro hijos: Pedro, Gin, Gayet y Gina.

Fermín, hijo de Pedro Goñi Fernández (quien emigró desde el norte de Navarra con destino a Filipinas en la década de 1890) y Ramona Belloso Teves, de ascendencia castellana, nació el 14 de Octubre de 1922 en la ciudad de Iloilo City, en la Isla de Panay (Filipinas). A la edad de 19 años la invasión de su país por parte de las fuerzas militares japonesas convirtió forzosamente a Fermín en testigo histórico del desarrollo de la Segunda Guerra Mundial en el Pacifico. Participó en la guerrilla de resistencia contra el invasor japonés junto a filipinos y otros vascos de la Isla de Negros como los Isasi, Iturralde, Mendieta o Uriarte, y colaboró activamente con el ejército de Estados Unidos. Decidió involucrase aún más en la defensa de la justicia y la libertad de su país y embarcó hacia Estados Unidos. A su llegada a San Francisco se enlistó en el ejército americano como voluntario y fue destinado a la División 82 de Airborne (Batallones de Paracaidistas Artillería de Campo 456) participando principalmente en operaciones en la Alemania Nazi. Las atrocidades de las que fue testigo tanto en Filipinas como en Europa, la pérdida de familiares y de la inmensa mayoría de sus amigos y compañeros se convertirían en heridas que el tiempo no pudo más que mitigar y de las que rehuía hablar. Su voz se ahogaba en un silencio helador y las lágrimas inundaban sus ojos. Eran las únicas veces en las que le faltaban las palabras para poder expresar lo que sus ojos habían conocido. Quizás por esto se rodeaba de buenos amigos y lo compensaba con un gran sentido de humor y una profunda humanidad.

Conseguida la ciudadanía americana, regresó a Filipinas y contrajo matrimonio con Margie, Margarita Avecilla, en 1950. En 1988 decidió regresar a Estados Unidos asentándose en Reno, Nevada, donde criaron a sus hijos, formando con el paso del tiempo una pequeña comunidad vasco-filipina a la que fueron añadiéndose nuevos miembros. Entre los cuales me encontraba. Fue un verdadero honor haber conocido a Fermín y que me brindase la oportunidad de entrevistarle en numerosas ocasiones para que sus contribuciones a la historia fuesen conocidas y reconocidas. Fermín fue parte de una generación de las diásporas vasca y filipina que lo dio todo y que va desapareciendo al ritmo que marcan las horas del reloj. Una generación que los americanos describen, con un gran acierto, como la más generosa de todas.

Margie y Fermín celebran su quincuagésimo octavo aniversario de boda (2008; Pedro J. Oiarzabal)Margie y Fermín celebran su quincuagésimo octavo aniversario de boda (2008; Pedro J. Oiarzabal)

En Visayas—el archipiélago que agrupa a un número de islas entre las que se encuentran Cebu, Negros y Panay—una leyenda nos relata el origen de la creación de lo que hoy conocemos como Filipinas y como bien le gustaba a Fermín recordarnos, “la joya del mar de oriente es un inmenso archipiélago de 7.107 islas; ni una más ni una menos”.

Hace miles de años, no había tierra, ni sol, ni luna, ni estrellas. El mundo era un gran mar de agua y en las alturas se extendía el cielo. El agua era el reino del dios Maguayan y el cielo está gobernado por el gran dios Kaptan. Maguayan tenía una hija llamada Lidagat, la mar, y Kaptan un hijo llamado Lihangin, el viento. Ambos dioses acordaron casar a sus hijos, y es así como la mar se convirtió en la novia del viento…

El pasado día 21 el tiempo nos arrebató al viento que durante décadas surcó el oeste americano para hacerlo regresar definitivamente a Visayas. Confiamos disfrutar durante muchos años de la presencia de la mar que continúa refrescándonos con su sonrisa y sus joviales ojos. Fermín, Goian Bego!

Sumalangit nawa ang kanyang kaluluwa.

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