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En nuestro propio mundo

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“Chile es el país más vasco entre los de América”.

Gabriela Mistral (“Tala”, 1938)

De esta manera tan rotunda, Gabriela Mistral (bautizada con el nombre de Lucila Godoy Alcayaga) describía Chile en el contexto de la tragedia fratricida que estaba asolando su tierra ancestral y la pasividad cómplice del mundo occidental:

“Es mi mayor asombro, podría decir también que mi más aguda vergüenza, ver a mi América Española cruzada de brazos delante de la tragedia de los niños vascos. En la anchura física y en la generosidad natural de nuestro Continente, había lugar de sobra para haberlos recibido a todos, evitándoles los países de lengua imposible, los climas agrios y las razas extrañas. El océano esta vez no ha servido para nuestra caridad, y nuestras playas, acogedoras de las más dudosas emigraciones, no han tenido un desembarcadero para los pies de los niños errantes de la desgraciada Vasconia. Los vascos y medio vascos de la América hemos aceptado el aventamiento de esas criaturas de nuestra sangre y hemos leído, sin que el corazón se nos arrebate, los relatos desgarrantes del regateo que hacían algunos países para recibir los barcos de fugitivos o de huérfanos. Es la primera vez en mi vida en que yo no entiendo a mi raza y en que su actitud moral. Me deja en un verdadero estupor.”

Las palabras de Mistral, “una mestiza de vasco” tal y como se definió en su día, dieron fruto en época de Pedro Aguirre Cerda, Presidente de la República de Chile (1938-1941), también de origen vasco. Aguirre Cerda, comprometido con la causa republicana española, nombró a Pablo Neruda Cónsul Especial de Chile para la Emigración Española convirtiéndose en el enlace oficial con el Gobierno de la Republica de España y el Gobierno Vasco en Paris. Tras un mes de singladura por el Atlántico y el Pacífico el 3 de septiembre de 1939 el carguero Winnipeg arribó al puerto de Valparaíso desde una lejana Francia con cerca de 2.200 refugiados de la Guerra Civil Española, entre ellos un significante número de vascos. Trascurridas cuatro décadas, Neruda recordaba aquellos días en “Para nacer he nacido” (1978) de la siguiente manera:

“Ante mi vista, bajo mi dirección, el navío debía llenarse con dos mil hombres y mujeres. Venían de campos de concentración, de inhóspitas regiones del desierto. Venían de la angustia, de la derrota y este barco debía llenarse con ellos para traerlos a las costas de Chile, a mi propio mundo que los acogía. Eran los combatientes españoles que cruzaron la frontera de Francia hacia un exilio que dura más de 30 años”.

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Imagen del Presidente Aguirre Cerda desplegada por los refugiados del Winnipeg a su llegada al puerto de Valparaíso. Fotografía: BBC Mundo.

Otros vascos de otras migraciones se encontraban desde tiempo atrás asentados en diversas localidades del país. En 1915, parte de la comunidad vasca de Valparaíso se organizaba entorno al Centro Vasco Chileno de Socorros Mutuos, embrión de lo que más tarde sería Eusko Etxea-Casa Vasca, creada en 1943 tras la visita al país del Lehendakari José Antonio de Aguirre en 1942. La visita se enmarcaba en una gira que le llevó a recorrer diez países americanos. No alejada de conflictos internos, la asociación se vio abocada a desaparecer, y no es hasta 1999 que un grupo de personas retoma el nombre de la histórica casa vasca.

Tres años antes de la conformación del Centro Vasco de Valparaíso, Santiago de Chile era testigo de la constitución de su primer Centro Vasco, hermanándose en la distancia con las ciudades de Montevideo (Uruguay) y de Rosario (Argentina), las cuales vieron durante el mismo año surgir entre sus comunidades de emigrantes vascos la Sociedad de Confraternidad Vasca “Euskal Erria” y el Centro Zazpirak-Bat, respectivamente.

El paso del tiempo, los relevos generacionales, y los acontecimientos políticos y socio-económicos en Europa—la Guerra Civil, el exilio, el Gobierno Vasco en el exilio, la postguerra, y la Segunda Guerra Mundial—tendrán consecuencias directas en las numerosas colectividades vascas de América y particularmente en sus asociaciones, verdaderos faros en los rompeolas americanos de la emigración y el exilio vasco durante décadas. Dentro del devenir del propio Centro Vasco de Santiago de Chile en 1931 se crea Euzko Gastedija (Juventud Vasca) con un compromiso político claro en relación al emergente movimiento nacionalista vasco de Euskadi.

No es de extrañar que ante el aporte ideológico de los recién llegados y coincidiendo con la visita del Lehendakari Aguirre a Santiago de Chile, ambas instituciones, Euzko Gastedija y el propio Centro Vasco, asuman su unificación, convirtiéndose posteriormente en la institución que hoy conocemos como Euzko Etxea, no haciendo discriminación en el origen de los vascos, ya fueran de un lado o del otro de los Pirineos, a la vez que establecían una nueva sede social en la actual Avenida Benjamín Vicuña Mackenna. Su construcción se inició en 1957.

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Euzko Etxea de Santiago de Chile, 1960. (Fotografía cortesía de Pedro Oyanguren).

El pasado 15 de marzo Euzko Etxea celebró su primer centenario de vida. Durante el acto conmemorativo el Presidente de Euzko Etxea, José María Narvarte atestiguaba con sus palabras esa necesidad inherente al emigrante o exiliado de recrear un propio mundo vasco, situado entre el país de origen y el país de acogida, donde comenzar de nuevo, con la esperanza de que el esfuerzo realizado durante tanto tiempo tenga continuación:

“El vasco que abandona su pueblo, por distintos motivos y en distintos períodos de la historia, vive dos vidas: una soñando el anhelado retorno y otra, luchando día a día abriéndose un espacio vital, el de la subsistencia en otra tierra, en otro idioma, entre otras gentes. Y desde siempre, en ese diario vivir, le urge la necesidad de buscar un lugar de encuentro con los suyos, emulando instituciones, conservando sus tradiciones y su lengua… Nuestra casa cumple 100 años… Recordamos a los que ya no están y que hicieron posible su creación y su desarrollo y recibimos con los brazos abiertos a sus nuevos integrantes, savia nueva que hará posible perpetuar el sueño”.

Zorionak Euzko Etxea!!

Mi agradecimiento a Pedro Oyanguren y a Palmira Oyanguren por su inestimable ayuda.

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Feliz Navidad 2.0(10)

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“La distancia es la piedra de toque de los verdaderos afectos” (Henri Lacordaire)

Durante estas fechas millones de felicitaciones electrónicas de Navidad, Año Nuevo, Olentzeros, y Papa Noeles cruzan el ciberespacio, usurpando el tradicional lugar que ocupaban los “Christmas” de antaño, y liberan de esfuerzos titánicos a los carteros, y aligeran de peso (y de ingresos) al mundo logístico de las empresas de mensajería. Entre los grandes éxitos de la intersección del mundo de las tecnologías y la Navidad se encuentra “The Digital Story of Nativity”. “La Historia Digital de la Natividad” es un video que en apenas tres minutos presenta una versión didáctica y sumamente entretenida de la historia de la Navidad a través del mundo de las redes sociales como por ejemplo Facebook, Twitter, o Wikipedia y de aplicaciones como Google Maps o Foursquare. Bajo el sugerente título “Los tiempos cambian pero los sentimientos son los mismos” la compañía portuguesa Excentric ha creado uno de los videos más populares en YouTube con cerca de tres millones de visualizaciones en menos de dos semanas. Ciertamente la alta creatividad exhibida por Excentric le ha asegurado una excelente publicidad que ya está siendo recompensada tanto por el número de visitas a sus perfiles de Facebook y Twitter como por las felicitaciones recibidas por los profesionales del marketing y de la publicidad.

Mientras tanto las compañías de telefonía móvil intentan hacer su peculiar “agosto” en pleno invierno vendiéndonos el valor de la comunicación como antídoto tecnológico contra la tiranía de la distancia, la soledad y la ausencia de nuestros seres queridos. Blackberry, “Love Sharing the Love”, nos comunica que “nunca ha sido tan fácil compartir buenos deseos en Navidad”, mientras Apple y su iPhone nos sugieren un sinfín de aplicaciones, que van desde recetas culinarias a regalos, para asegurarnos “el éxito y la diversión esta Navidad”.

Es casi imposible olvidarnos de aquellos que ya no están pero cuya ausencia es ciertamente más notable estos días de reuniones familiares y de miradas hacia atrás, hacia ese horizonte lejano de meses, semanas y días pasados. La memoria no se mide tanto en función de nuestra capacidad para recordar sino en función de nuestra capacidad para no olvidar. Nos faltan Fermín y Margie, y Félix, y Sergio, y todos aquellos que nos dejaron levemente este año. Echo de menos a mis amigos esparcidos por Las Américas vascas…y a pesar de todo “estamos” más juntos que nunca. Y los afectos construyen puentes que disipan las brumas de las distancias, aunque estos se hayan construido con códigos binarios entrelazados como culturas hermanas a orillas del Océano Atlántico.

Jai Zoriontsuak eta Urte Berri On!!!

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Donde poner el acento

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“No me preguntes quien soy, y no me pidas que permanezca siendo el mismo. Deja a nuestros burócratas y a nuestra policía que vean si nuestros papeles están en orden”

(Michel Foucault)

De esta manera tan rotunda y sugerente el historiador y filósofo Michel Foucault (1926-1984) daba inicio a una de sus ya clásicas obras, L’Archéologie du Savoir (1969). ¿Te defines o te definen? ¿Hay forma alguna de “escapar” a ser etiquetado o de etiquetarse para poder funcionar en sociedad?

Tras varios años en el Norte de Irlanda me encontraba realizando los trámites pertinentes para salir del país, con la mente puesta en mi próximo destino; Estados Unidos. Mi primera visita fue a la oficina de hacienda. Allí rellene todos los papeles habidos y por haber, y esperé el turno para ser llamado. “Un segundo, que revise los formularios”, me dijo la encargada de la sección. “Creo que hay un error en los datos que has aportado”. “Pues no lo sé. Todas las preguntas me parecían muy complicadas y mi inglés no es muy bueno. Mi intención es la de irme a América, así que a efectos fiscales no tengo ninguna intención de mantener ninguna actividad bancaria o comercial”, le expliqué. “Bueno, el problema está en tus datos personales. La dirección que me has dado en el extranjero tiene que ser correcta para que podamos remitirte los documentos sobre tú declaración de renta de este año. En los apartados sobre nacionalidad y país has escrito, “Español” y “España”. Pero dices que naciste en Bilbao. “Sí, así es. Pero al ser un documento oficial…”. “Pues nada, entonces, aquí pondremos “Vasco” y aquí “País Vasco” y entre paréntesis “España”. ¿Si olvidas de dónde vienes como vas a poder recordar quién eres en América? De esta manera, a partir de ahora tú nacionalidad vasca llevará el sello oficial en los papeles de Su Majestad, La Reina Isabel II”. Tiempo después descubrí que el padre de la señora que me atendió en la oficina de hacienda había nacido en Algorta y se había exiliado durante la Guerra Civil de 1936.

230668_10150256608874439_6845348_n(Photograph by Pedro J. Oiarzabal)

Aproximadamente un mes después crucé el Atlántico. A los pocos días de mi llegada, fui a realizar los trámites de solicitud de la tarjeta de la seguridad social de Estados Unidos. En el formulario a rellenar, había dos apartados en referencia al nombre del solicitante. En el primer apartado había que proporcionar el nombre “real” y en el segundo se podían incluir el “alias” o “aliases” por los que el solicitante era también conocido. Incluso se podía optar por tener el “alias” como el nombre “oficial” que aparecería en la tarjeta. Un tanto confundido me acerqué al hombre que estaba atendiendo en la ventanilla de información. Le pregunté cual de todos esos datos debía de rellenar ya que era la primera vez que veía en un documento oficial referencia alguna a aliases: “Perdone, pero no entiendo eso del nombre “real” y el del “alias” ¿Qué es lo que debo rellenar?”. “Dame el pasaporte. Ves, aquí tienes tú nombre, así que en este apartado escribe este nombre, y en el de alias, puedes poner el nombre por el que se te conozca. ¡Esto es América!”, comentó efusivamente. “Aquí puedes ser quien quieras, incluso en la tarjeta de la seguridad social…Oh, tú eres vasco ¿verdad? me pregunto. “Sí ¿Cómo sabe?”. “El acento”, me dijo. “Ya no vienen muchos vascos por aquí. Alguno que otro viene a estudiar a la universidad, pero no es como antes. Mi abuelo era de Munitibar, ¿sabes? Yo mismo fue al Programa de Estudios Vascos a aprender euskera hace muchos años…Veo que en el pasaporte han escrito tú apellido con “y”. Pues aquí lo vamos a escribir con “i”, como debe ser, y así es como va a aparecer reflejado oficialmente en la tarjeta de la seguridad social ¡Bienvenido a América!”

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