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Mundos invisibles

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“Somos la memoria que tenemos y la responsabilidad que asumimos, sin memoria no existimos y sin responsabilidad quizá no merezcamos existir”

José Saramago (Cuadernos de Lanzarote, 1997)

Ante el relativo grado de desconocimiento de la sociedad actual—particularmente de las generaciones más jóvenes—sobre el hecho de la emigración vasca, y ante la inevitable desaparición de la última generación histórica de emigrantes y exiliados y de aquellos que en su día retornaron, desde la iniciativa Bizkailab de la Universidad de Deusto nos propusimos realizar un estudio urgente sobre la memoria e historia del país, empezando por el Territorio Histórico de Bizkaia. La finalidad era, y sigue siendo, la de entender y difundir la identidad y cultura de un colectivo, a través del testimonio oral de sus protagonistas—tanto de aquellos que en su día emigraron como de los que regresaron—que hasta cierto punto, a día de hoy, permanece relegado al olvido.

oletaAustraliar-haCelebración del tradicional encuentro anual vasco-australiano en su vigesimocuarto aniversario, Oleta (Bizkaia). Fila superior: Mario Satika, Begoña Barrutia, Koldo Goitia, Maribi San Antonio, José Badiola, Iñaki Etxabe y Anne Etxabe. Fila inferior: Mila Aboitiz, Mila Aberasturi, José Ignacio Etxabe y Angelita Fundazuri (Fotografía de Pedro J. Oiarzabal).

Durante meses, hemos tenido la oportunidad de conocer “mundos invisibles”, hilvanados por memorias de otros tiempos, que se entrelazan con las de miles y miles de vascos que por una razón u otra tuvieron que abandonar Euskal Herria, y que en algunos casos, tras décadas en el extranjero, decidieron regresar a su hogar. ¿Qué es lo que quedaba del hogar? ¿Cómo fueron recibidos a su regreso? ¿Qué fue de aquellos vascos que regresaron tras la larga noche del franquismo, tras las interminables jornadas cortando caña de azúcar en Australia o en la soledad más absoluta pastoreando en las colinas del Oeste Americano? ¿Qué ha sido de su historia, de nuestra historia colectiva, del patrimonio cultural inmaterial que conforman los miles de fotogramas que compone la historia más gráfica de la emigración y del retorno a Euskal Herria?

¿Quién no conoce a algún familiar, lejano o no, o ha oído hablar de un vecino o un amigo que probó fortuna como cesta-puntista en el Oriente o en las Américas; de un exiliado; de un pastor; de un cortador de caña; de un hijo o hija de aquellos que se fueron para no volver más? Amerikanuak, Australianuak, Venezolanos, Argentinos, Uruguayos…vascos y vascas con acentos e historias sin contar que conviven entre nosotros y que comparten culturas, lenguas, vivencias de emigración y experiencias de retorno—unas más felices que otras, no carentes de incomprensiones mutuas, y a veces incluso de rechazo. Conforman mundos que nos transportan a otros tiempos y espacios, mundos invisibles, virtualmente desconocidos, pero reales. Sus historias son indispensables para comprender nuestro pasado y nuestro presente como un pueblo abierto al mundo.

ArrosaAmerikanuak20122-haEncuentro anual de los Amerikanuak, Arrosa (Nafarroa Beherea). De izquierda a derecha Jean Luis Oçafrain, Gratien Oçafrain y Michel Duhalde; emigrantes retornados de Estados Unidos (Fotografía de Pedro J. Oiarzabal).

El estudio nos llevó a recorrer numerosas localidades del país y nos acercó a paisajes del Oeste Vasco-Americano, pudiendo realizar más de 46 horas de grabación a personas cuyas vidas les condujo a más de 12 países en América, Asia, Europa y Oceanía. Hoy en día, la historia de Euskal Herria se enriquecería aun más si cabe incorporando las páginas sueltas escritas por vascos y vascas en lugares tan dispares como North Queensland, Idaho, Nevada, Buenos Aires, Caracas, Montevideo, México D.F., Filipinas, Cuba, Yakarta y un largo etcétera. Añadamos esas páginas al libro de nuestra historia y démoslas a conocer. Apenas hemos empezado a vislumbrar las raíces profundas del fenómeno de la emigración, y sobre todo del retorno, que existen en nuestra sociedad, y de su significado histórico en relación al progreso y al bienestar que a día de hoy disfrutamos, y que es en cierta medida, también gracias a los sacrificios y esfuerzos de aquellos que tuvieron que abandonar su tierra.

El vídeo “Gure Bizitzen Pasarteak: Erbeste, Emigrazio eta Itzulera Bizkaira—Fragmentos de Nuestras Vidas: Exilio, Emigración y Retorno a Bizkaia” muestra una selección de entrevistas realizadas en 2012 a vascos que en su momento fueron refugiados, exiliados, emigrantes y que a día de hoy han regresado al país. Nos relatan con sus propias palabras sus historias de vida, entremezclándose los discursos y testimonios más racionales con los más profundos y emotivos.

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Es ahora más que nunca necesaria la implicación de la sociedad, sus instituciones y agentes sociales, y de modo especial la de la población emigrante, la retornada y sus familiares para que se constituyan en agentes activos y participes en la propia reconstrucción del fenómeno histórico emigratorio vasco. Tal y como dijo, en su día, el Premio Nobel de Literatura José Saramago “hay que recuperar, mantener y transmitir la memoria histórica, porque se empieza por el olvido y se termina en la indiferencia”.

[Si nació en Bizkaia y por cualquier motivo decidió emigrar a cualquier parte del mundo, y ha regresado a Euskadi, escribanos a bizkaia.retorno@gmail.com Por el contrario si conoce a alguien que emigró y ha regresado hágale llegar este mensaje. Eskerrik asko!]

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Cartografía de emociones

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“Cuando pronuncio la palabra Futuro la primera sílaba pertenece ya al Pasado”

(Wislawa Szymborska)

Mientras leéis estas letras debería de estar cruzando el Atlántico al reencuentro con un yo entregado voluntariamente al olvido. Las agujas del reloj se ralentizan. No hay tiempo como el de los aeropuertos donde su transcurrir se congela como postales de un pasado inamovible. Echo la vista atrás y hago recuento de los casi tres años que llevo fuera del país. A pesar del tiempo transcurrido prevalece el hecho de pensar que todo lo que dejé tras de mi continúa como lo dejé. Revisito lugares de ausencias que ya solamente habitan en mi memoria. ¿Dónde ha quedado el hogar? ¿Dónde fueron a parar los infinitos cielos azules de Reno, el calor de los días, el frío de las noches, el eco del sonido?

Mi casa es un paisaje de horarios discontinuos y de emociones entrelazadas que buscan un equilibrio entre la necesidad del olvido y el peso de la memoria. El resultado son paredes cubiertas por tapices hechos con finas hebras de sueños, recuerdos y añoranzas que ansían imaginarse otros mundos posibles donde volver a comenzar y poder recrear una nueva casa ante la imposibilidad de regresar al pasado.

Ely_Nov2008 (41)The Paris Ranch, Ely, Nevada (Fotografía de P. J. Oiarzabal)

En el libro Mountain City (2000) el autor vasco-americano Martin Gregory reflexiona sobre su niñez, juventud, el significado del hogar y sobre aquellos emigrantes vascos con los que se relacionó durante sus estancias en el pueblo de Mountain City del estado norteamericano de Nevada. Muchos de estos personajes han desaparecido excepto en la memoria de aquellos que les conocieron. Gregory concluye en tono triste y de resignación: “Para mí el hogar es aquel lugar que no puedo evitar que desaparezca”.

La memoria—en esa lucha del recuerdo contra el olvido—en sí es baldía sino se transmite. En nosotros esta el rescatar del olvido la memoria de aquellos vascos que, como los de Mountain City y de tantos otros lugares esparcidos por el continente americano, han sido testigos únicos de un pasado, y que como tal no volverá, pero que es necesario recordarlo. La memoria se alimenta de sí misma, de los recuerdos que aviva, que hacen de su esencia inmaterial una permanencia palpable entre nosotros. Los emigrantes vascos y sus descendientes han generado un imaginario y un legado cultural que han propiciado fuertes vínculos entre ambas orillas del Atlántico, tejiendo una cartografía de emociones que no tienen en cuenta ni fronteras temporales ni espaciales.

¿Qué permanecerá de las Euskal Herrias del Oeste Americano? ¿Qué quedará cuando toda una generación de personas que forman parte de esa memoria colectiva de emigración, expatriación y exilio haya irremediablemente desaparecido? ¿Qué será de esa “casa vasca” erigida en suelo americano?

Ely_Nov2008 (6)Mural en honor a los Pastores Vascos, Ely, Nevada (Fotografía de P. J. Oiarzabal)

Ante el relativo grado de desconocimiento de la sociedad actual sobre el hecho emigratorio se han puesto en marcha diferentes iniciativas que bien podrían afianzar el trabajo a favor de la recuperación de la memoria histórica de la emigración. Por ejemplo, la Junta de la Comunidad Autónoma de Extremadura creo en el mes de Abril el Museo Virtual de la Emigración Extremeña que podría ser un modelo a seguir en el caso de la diáspora vasca. Sin duda alguna, se requiere un firme compromiso con la memoria, con nuestra historia de emigración y retorno con el objetivo de recuperar y divulgar la memoria oral de los vascos del exterior y de aquellos que regresaron en su día como una parte fundamental del patrimonio inmaterial de Euskal Herria. ¡Hay tanto por hacer!

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Zazpiak Bat Dance Group de San Francisco: Paso a paso desde hace 50 años

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Fundado en Junio de 1960 en San Francisco, California, el Basque Club of California (Club Vasco de California) se convirtió rápidamente en un referente cultural tanto a nivel de las comunidades vascas del estado como a nivel nacional, contribuyendo, por ejemplo, a la creación de la federación de organizaciones vascas de Norte América (NABO) a principios de la década de 1970. En sus orígenes, el Club Vasco de San Francisco estuvo compuesto, en su gran mayoría, por vascos de Nafarroa Beherea y Nafarroa que habían emigrado a Estados Unidos en la década de 1940. Muchos de ellos tras la depresión económica de la Segunda Guerra Mundial decidieron trasladarse de las zonas rurales de California a San Francisco en busca de nuevas oportunidades, rejuveneciendo, de esta manera, a la comunidad vasca de la ciudad.

A día de hoy, varios clubes vascos continúan en activo en California. El decano de las asociaciones es el Kern County Basque Club, establecido en Bakersfield en 1944. A este le sigue el Southern California Basque Club, creado un año después en la localidad de Chino. Habrá que esperar a la década de 1960 para encontrarnos con una nueva hornada de asociaciones: El Club Vasco de California (San Francisco, 1960), Los Banos Basque Club (Los Banos, 1964), y Chino Basque Club (Chino, 1967).

Entre las actividades que tuvieron un mayor y temprano arraigo entre los socios del recién fundado club vasco de San Francisco se encuentra el grupo de danzas Zazpiak Bat Dance Group. Este primer fin de semana de Junio ha marcado el cincuenta aniversario de su primea actuación en público, siendo el grupo de danzas más antiguo de la Bahía de San Francisco. Al grupo de adultos se unió un grupo de danzas para niños llamado Gazteak, la primera banda de klika en el país, Zazpiak Bat Klika (1964), y el primer coro vasco del país, Elgarrekin (1979).

Zazpiak Bat Dance Group 1961

El grupo original de baile Zazpiak Bat en 1961. Sentados en primera fila (de izquierda a derecha): Mayie Camino y Bernadette Iribarren. Sentados segunda fila (de izquierda a derecha): Mayie Oçafrain, Anita Arduain, Christine Uharriet, Denise Ourtiague, Catherine Dunat y Louise Saparart. De pies (de izquierda a derecha): Juan Tellechea, Jeannot Laxague, Michel Duhalde, Michel Arduain, Michel Antoine, Michel Oyharçabal, Pierre Labat, Gratien Oçafrain, Frederic Fuldain y Paul Castech (Cortesía de la Colección Urazandi de San Francisco).

Frederic Fuldain fue el creador tanto del grupo de danzas de adultos—junto al instructor Juan Tellechea, de Lesaka—como de la banda de klika, a la vez que el organizador de los primeros torneos de mus y de pelota del club vasco. Nacido en Bidarrai en 1929, Fuldain emigró a Bakersfield en 1951 donde trabajo como pastor de ovejas durante tres años. De ahí se trasladó a San Francisco donde abrió su propio negocio de jardinería. Fuldain fue el Presidente de Honor del club durante treinta años. Falleció en Belmont, California a la edad de setenta y seis años. La idea original de Fuldain era incluir bailes de las provincias de Bizkaia y Gipuzkoa como complemento a los bailes de la provincia de Nafarroa Beherea—origen de la mayoría de los socios de aquel entonces. Su mano derecha en esta labor fue Tellechea. En los inicios los dantzaris fueron acompañados por el acordeonista Jim Etchepare y los txistularis Juan José y Carmelo San Mames y Abel Bolumburu.

Frederic Fuldain

Ceremonia de homenaje a Frederic Fuldain en el Centro Cultural Vasco de San Francisco el 2 de Abril de 1995 (Cortesía de la Colección Urazandi de San Francisco).

El grupo Gazteak fue creado por Michel Oyharçabal y Christine Maysonnave. En 1962, Pierre Etcharren, de Uharte-Garazi, se convirtió en el instructor del grupo de niños. Dos años después, tras el retorno de Tellechea a Euskal Herria, Etcharren se hizo también cargo del grupo de adultos. Cargo que ocupó durante veinticinco años. Desde entonces su hija, Valerie Etcharren, ha instruido a ambos grupos.

Desde Junio de 1961 hasta hoy, el Zazpiak Bat Dance Group ha actuado por todo el Oeste Americano y se ha consolidado como uno de los grupos de danza vasca más interesantes del país. En 1993 participaron en el Baztandarren Biltzarra de Elizondo bajo la atenta mirada del que fuera su primer instructor Juan Tellechea. Habían transcurrido veintinueve años.

“Euskaldunak Californian”

Dantzaris del Zazpiak Bat en Elizondo, Nafarroa en 1993. Primera fila (de izquierda a derecha): Martin Lasa, Xavier Oçafrain y Xavier Salaburu. Segunda fila (de izquierda a derecha): Idoya Salaburu, Isabelle Oillarburu, Maitexa Cuburu, Jeanette Etchamendy, Evelyne Etcharren, Elise Martinon, Rose Marie Etchamendy y Valerie Etcharren. Fila del fondo (de izquierda a derecha): Elisa Lasa, Isabelle Oçafrain, Valerie Gorostiague, Nicole Oçafrain y Stephanie Duhart (Cortesía de la Colección Urazandi de San Francisco).

Para conmemorar el quincuagésimo aniversario del Zazpiak Bat diferentes generaciones de bailarines van a actuar en el Centro Cultural Vasco de San Francisco durante el fin de semana del 27 y 28 de Agosto de este año. Emigrantes vascos llevaron consigo experiencias, valores, prácticas y tradiciones culturales, religiosas y lingüísticas a Estados Unidos, produciendo su propia interpretación de cultura e identidad vascas. Recrearon una cultura en un nuevo país contra todo pronóstico, siendo capaces de trasmitirla exitosamente a las nuevas generaciones de vascos nacidos en tierra americana. Hoy como hace cincuenta años, la comunidad vasca de San Francisco sigue demostrando la vitalidad y la capacidad de soñar y amar que les llevo a construir una nueva Euskal Herria a miles de kilómetros de distancia de Europa.

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The Basque Global Block

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Algunos expertos en temas de migración consideran que los símbolos son los últimos vestigios de la identidad de aquellos emigrantes completamente asimilados a sus países de acogida. Es lo que se entiende por “identidad simbólica”, la cual es definida como una forma de expresar la identidad heredada de padres y abuelos, y que es instrumentalizada con el objetivo de evitar cualquier conflicto con las formas de vida de la sociedad en la que hijos y nietos han crecido. Una identidad simbólica que se manifiesta de forma concreta en festivales, desfiles, deportes, juegos, bailes, o en muestras culinarias.

Sin ninguna duda, los símbolos ayudan a muchos individuos de la diáspora vasca a externalizar públicamente tanto su identidad colectiva vasca como las manifestaciones culturales de dicha identidad. En sí, macro-festivales vascos como el Jaialdi de la ciudad de Boise del Estado norteamericano de Idaho, y que se está celebrando estos días, son una expresión tangible de identidad y de reafirmación cultural en un ámbito público ajeno a lo vasco. De hecho, en toda la diáspora vasca que abarca más de una veintena de países son muy pocas las comunidades que a día de hoy han podido articular y gestionar un espacio público propio. La falta de nuevas oleadas de emigrantes, el envejecimiento progresivo de la generación emigrante, su dispersión geográfica, y la regeneración urbana que han experimentado muchas ciudades han evitado que perdurasen en el tiempo algunos espacios que en su día fueron verdaderos barrios vascos, como el de Broadway de San Francisco o el de Ezeiza en Buenos Aires.

Si existe algún lugar en los Estados Unidos donde los vascos como comunidad han construido  su propio espacio público es sin ninguna duda el llamado “Basque Block” de Boise. Un lugar conformado por un museo (Basque Museum and Cultural Center), dos antiguas pensiones—hoy en día ambas destinadas a relatar la historia de las comunidades emigrantes vascas y su posterior asentamiento—dos restaurantes (el Leku Ona y el Gernika Bar), una tienda (The Basque Market), un frontón, y el edificio de la asociación vasca (Euzkaldunak). Es un paisaje urbano ampliamente saturado por símbolos vascos y del cual el visitante puede difícilmente abstraerse.

Boise July2004 (1)

(Basque Block Mural, Julio 2004. Foto de Pedro J. Oiarzabal)

En el propio “Basque Block” un mural aúna la historia de la comunidad vasca en el Estado de Idaho y su devenir en el tiempo. El mural, diseñado por Bill Hueg en el año 2000 a petición del Museo Vasco de Boise, es un extraordinario ejemplo del poder de los símbolos como aglutinadores de la identidad colectiva y del sentir de una comunidad. De izquierda a derecha, el mural hace referencia a los viajes de Cristóbal Colón y a la participación de generaciones de vascos en el “descubrimiento”, conquista y colonización de las Américas; aparece un baserri en lo alto de una colina verde; un fragmento del Guernica de Pablo Picasso—un alto porcentaje de la comunidad vasca de Idaho procede de Bizkaia-; el Árbol de Gernika; la pensión de Uberuaga/Aguirre, establecida en 1903 en Boise; el retrato de Juanita Uberuaga Hormaechea, una de las pioneras en la enseñanza de bailes vascos en la década de 1940; el grupo de danza vasca Oinkari y que este año cumple su 50 aniversario; la Catedral Católica de St. John de Boise; un retrato de Jim Jausoro, acordeonista del grupo Oinkari desde 1947 hasta su fallecimiento en 2005; un hombre levantado una piedra cuadrangular en referencia a los deportes rurales vascos; y finalmente, como no podría ser de otra manera, se hace referencia a un campamento de pastores de ovejas, la principal ocupación de los emigrantes vascos en el Oeste Americano durante más de un siglo.

Tanto el “Basque Block” como el Jaialdi de Boise son considerados verdaderos éxitos a emular por comunidades vascas tanto de dentro como de fuera de Estados Unidos. En un contexto en el que la emigración vasca tuvo su punto final hace más de tres o cuatro décadas, ¿cuáles serían las estrategias más adecuadas que las instituciones de la diáspora vasca deberían de llevar a cabo para hacer frente al futuro más inmediato? Y en cuanto a lo que se denomina “identidad simbólica”, ¿hasta qué punto las propias comunidades de la diáspora se aferran a los símbolos como recursos para impulsar y promocionar sus propias identidades colectivas?

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Basque Club de San Francisco: Bertso a bertso desde 1960

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En Junio de 1960, los célebres bertsolaris Fernando Aire “Xalbador” y Mattin Treku viajaron a Estados Unidos para actuar ante las comunidades vascas de La Puente y Bakersfield en California y de Reno en Nevada, así como también en el picnic anual de la asociación francesa de San Francisco, Les Jardiniers Français, la cual estaba compuesta por un número considerable de vascos. Se estima que hacia 1955 más de dos tercios de la población vasca de la Bahía de San Francisco trabajaba en el sector de la jardinería. Al picnic de Les Jardiniers que tuvo lugar el día 19 en el Parque Saratoga Springs acudieron unas 2.500 personas. Durante la actuación de Xalbador y Mattin, el micrófono dejó de funcionar inesperadamente y el espectáculo se suprimió ante la profunda decepción de los propios bertsolaris y el enojo de los vascos que habían acudido a verles. A día de hoy, algunos continúan creyendo que fue un claro acto de sabotaje, para otros un simple problema técnico.

De cualquier modo, la reacción del sector más joven de la comunidad vasca de San Francisco no se hizo esperar. A finales de Junio fundaron el Basque Club of California (Club Vasco de California, o Basque Club de San Francisco) bajo la dirección de Claude Berhouet (natural de Donazaharre y por aquel entonces dueño del Hotel de France en San Francisco), con los objetivos de proteger y promocionar la cultura vasca y el Euskera. Hacia Octubre de 1960, el club había conseguido reunir a cien socios.

Xalbador y Mattin en camino hacia San Francisco, 1960. De izquierda a derecha: André Ospital, Xalbador, Michel Labéguerie, Mattin y Charles Iriart (Cortesía de la Colección Urazandi de San Francisco).

Xalbador y Mattin en camino hacia San Francisco, 1960. De izquierda a derecha: André Ospital, Xalbador, Michel Labéguerie, Mattin y Charles Iriart (Cortesía de la Colección Urazandi de San Francisco).

El Basque Club de San Francisco tenía como precedentes a las relativamente efímeras Sociedad Vascongada de Beneficencia Mutua y al Zazpiak Bat Club creadas a principios de la década de 1920. El Basque Club rápidamente instituyó su primer picnic en 1961, un torneo de mus en 1963 y un campeonato de pelota en 1968, todos ellos de carácter anual. A su vez creo dos grupos de danzas (Zazpiak Bat y Gazteak) en 1960 y 1961 respectivamente, una banda de klika (Zazpiak Bat) en 1964 y un coro (Elgarrekin) en 1979. Pronto se convirtió en uno de los clubs vascos más activos de California y por ende del Oeste Americano.

La emigración vasca hacia California había florecido a lo largo del siglo XIX hasta mediados del siglo XX. Miles de vascos fueron atraídos por la posibilidad de encontrar trabajo en la industria ovina del Oeste Americano. Consecuentemente, a la par que la población vasca aumentaba en San Francisco y a imitación del Basque Club se crearon diferentes asociaciones socio-culturales en la Bahía que culminaron en la construcción en 1982 de su primera euskal etxea, el Basque Cultural Center, cuya asociación promotora fue establecida en 1979. Las organizaciones que surgieron a lo largo de los años fueron: Menlo Park Zazpiak Bat (1964); Basque Educational Organization (1984), Marin-Sonoma Basque Association (1989) y Anaitasuna Basque Club (1991). Hoy en día todas ellas continúan activas con excepción de la de Menlo Park que se disolvió en 1983.

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Este año el Basque Club de San Francisco cumple medio siglo de vida y cuenta con el segundo mayor número de socios, unos 300, tras el Basque Cultural Center. Para conmemorar dicha efeméride el Basque Club ha invitado a Maialen Lujanbio y Andoni Egaña para que actúen en el Basque Cultural Center de South San Francisco el día 13 de Marzo. ¿Qué mejor tributo a Xalbador y a Mattin—los instigadores involuntarios del resurgir del asociacionismo vasco en San Francisco—y al Euskera en tierras americanas, que la actuación de dos de las figuras más representativas del bertsolarismo actual? Esta vez los bertsolaris invitados no estarán solos si no que les acompañaran los cuatro bertsolaris en activo de Estados Unidos: Gratien Alfaro, Johnny Curutchet, Jesús Goñi y Martin Goicoechea. Curutchet, Goñi y Goicoechea junto a Jesús Arriada, hoy en día retirado del bertsolarismo, recibieron el 20 de Septiembre de 2003 el National Endowment for the Arts National Heritage Fellowship, el máximo galardón relacionado con la preservación de tradiciones culturales y folklóricas otorgado en Estados Unidos.

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Handik-Hona: 1959-2009

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Este primer fin de semana de Junio marca el cincuenta aniversario del Western Basque Festival, considerado el primer festival vasco sino a nivel nacional al menos a nivel regional en la historia de Estados Unidos. El festival se celebró en la localidad de Sparks del estado de Nevada y atrajo a miles de vascos (y vascas) esparcidos por todo el territorio. Marcó un antes y un después. El éxito de dicho festival revitalizó a las diferentes comunidades vascas del Oeste Americano, plantando una semilla que continua fructificando, sin ninguna duda, hasta el día de hoy. Este resurgimiento por el interés de la identidad y de la cultura no se limitó a la población vasca sino que se extendió al resto de grupos, particularmente de origen europeo. Estos movimientos identitarios buscaban una cierta autenticidad perdida en el pasado y reclamaban por primera vez la identidad de sus antepasados como la suya propia. El modelo de asimilación de emigrantes impulsado por el gobierno americano había fracasado. Se abrieron las puertas al multiculturalismo y se favorecieron políticas que promovían hasta cierto punto las distintas culturas y lenguas de los llamados grupos “étnicos” del país. Se fomento la identidad compuesta (por ejemplo, la identidad vasco-americana) como la nueva forma de ser americano. Asociaciones vascas se multiplicaron a raíz del éxito de aquel “laboratorio” identitario que fue Sparks. Hoy en día, la Federación de Organizaciones Vasco-Americanas (NABO) no solamente integra a casi cuarenta asociaciones vascas de Estados Unidos, sino también a las canadienses de Quebec y Vancouver, siendo la primera federación vasca de este tipo a nivel mundial de carácter transfronterizo.

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Durante los días 24, 25 y 26 de Julio, la localidad limítrofe con Sparks, Reno (cuna del Centro y Biblioteca de Estudios Vascos, el Consorcio de Estudios Universitarios en el Extranjero, USAC, la Serie del Libro Vasco de la Universidad de Nevada, el grupo de danzas Zenbat Gara, y la asociación Zazpiak Bat) será testigo una vez más de una de las mayores concentraciones de vascas (y vascos) en la historia de Estados Unidos, con el objetivo de conmemorar el cincuenta aniversario de aquella euskal jaia de Sparks, con la mente puesta en las próximas generaciones y en la responsabilidad de continuar renovando la cultura vasca en el país norte americano. Es la gran cita vasca del año en Estados Unidos. En un mundo altamente globalizado, donde impera la noticia triste, gris y apocalíptica sobre el futuro inmediato de nuestras economías y sociedades, es realmente agradable comprobar que lo local y lo minorizado son valores en alza, aunque éstos no se coticen precisamente en Wall Street. No hay apenas distancia física entre las ciudades de Sparks y Reno, sin embargo ha transcurrido medio siglo de grandes esfuerzos, sacrificios, y también de satisfacciones entre ambos eventos. La comunidad vasca en América se encuentra en constante reflexión sobre la forma de afrontar el futuro de su identidad vasca, el mantenimiento de sus tradiciones, y sobre todo la recuperación y fortalecimiento del euskera, especialmente entre los más jóvenes. Reno es cita inigualable en el ámbito cultural de la Euskal Herria exterior. Durante los días 24, 25 y 26 de Julio Reno va a ser la capital de la cultura vasca. No se pierdan esta gran oportunidad y disfruten de este fenomenal aniversario.

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