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Donde poner el acento

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“No me preguntes quien soy, y no me pidas que permanezca siendo el mismo. Deja a nuestros burócratas y a nuestra policía que vean si nuestros papeles están en orden”

(Michel Foucault)

De esta manera tan rotunda y sugerente el historiador y filósofo Michel Foucault (1926-1984) daba inicio a una de sus ya clásicas obras, L’Archéologie du Savoir (1969). ¿Te defines o te definen? ¿Hay forma alguna de “escapar” a ser etiquetado o de etiquetarse para poder funcionar en sociedad?

Tras varios años en el Norte de Irlanda me encontraba realizando los trámites pertinentes para salir del país, con la mente puesta en mi próximo destino; Estados Unidos. Mi primera visita fue a la oficina de hacienda. Allí rellene todos los papeles habidos y por haber, y esperé el turno para ser llamado. “Un segundo, que revise los formularios”, me dijo la encargada de la sección. “Creo que hay un error en los datos que has aportado”. “Pues no lo sé. Todas las preguntas me parecían muy complicadas y mi inglés no es muy bueno. Mi intención es la de irme a América, así que a efectos fiscales no tengo ninguna intención de mantener ninguna actividad bancaria o comercial”, le expliqué. “Bueno, el problema está en tus datos personales. La dirección que me has dado en el extranjero tiene que ser correcta para que podamos remitirte los documentos sobre tú declaración de renta de este año. En los apartados sobre nacionalidad y país has escrito, “Español” y “España”. Pero dices que naciste en Bilbao. “Sí, así es. Pero al ser un documento oficial…”. “Pues nada, entonces, aquí pondremos “Vasco” y aquí “País Vasco” y entre paréntesis “España”. ¿Si olvidas de dónde vienes como vas a poder recordar quién eres en América? De esta manera, a partir de ahora tú nacionalidad vasca llevará el sello oficial en los papeles de Su Majestad, La Reina Isabel II”. Tiempo después descubrí que el padre de la señora que me atendió en la oficina de hacienda había nacido en Algorta y se había exiliado durante la Guerra Civil de 1936.

230668_10150256608874439_6845348_n(Photograph by Pedro J. Oiarzabal)

Aproximadamente un mes después crucé el Atlántico. A los pocos días de mi llegada, fui a realizar los trámites de solicitud de la tarjeta de la seguridad social de Estados Unidos. En el formulario a rellenar, había dos apartados en referencia al nombre del solicitante. En el primer apartado había que proporcionar el nombre “real” y en el segundo se podían incluir el “alias” o “aliases” por los que el solicitante era también conocido. Incluso se podía optar por tener el “alias” como el nombre “oficial” que aparecería en la tarjeta. Un tanto confundido me acerqué al hombre que estaba atendiendo en la ventanilla de información. Le pregunté cual de todos esos datos debía de rellenar ya que era la primera vez que veía en un documento oficial referencia alguna a aliases: “Perdone, pero no entiendo eso del nombre “real” y el del “alias” ¿Qué es lo que debo rellenar?”. “Dame el pasaporte. Ves, aquí tienes tú nombre, así que en este apartado escribe este nombre, y en el de alias, puedes poner el nombre por el que se te conozca. ¡Esto es América!”, comentó efusivamente. “Aquí puedes ser quien quieras, incluso en la tarjeta de la seguridad social…Oh, tú eres vasco ¿verdad? me pregunto. “Sí ¿Cómo sabe?”. “El acento”, me dijo. “Ya no vienen muchos vascos por aquí. Alguno que otro viene a estudiar a la universidad, pero no es como antes. Mi abuelo era de Munitibar, ¿sabes? Yo mismo fue al Programa de Estudios Vascos a aprender euskera hace muchos años…Veo que en el pasaporte han escrito tú apellido con “y”. Pues aquí lo vamos a escribir con “i”, como debe ser, y así es como va a aparecer reflejado oficialmente en la tarjeta de la seguridad social ¡Bienvenido a América!”

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