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Algunas personas buenas

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“El olvido lleva al exilio, mientras que la memoria es el secreto de la redención”

(Baal Shem Tov, 1698-1760)

En memoria de Julio Aróstegui

Estas breves palabras, profundamente reflexivas, custodian la salida del museo de historia en Yad Vashem—la Autoridad para el Recuerdo de los Mártires y Héroes del Holocausto—en Jerusalén. Tan solo hace unos días, el 27 de enero, se celebró el “Día Internacional de Conmemoración Anual en Memoria de las Víctimas del Holocausto”, cuya fecha, rememora aquel 27 de enero de 1945, cuando el Ejército Soviético entró en Auschwitz-Birkenau (Polonia), liberando lo que posteriormente fue definido como el mayor campo de exterminio del nazismo, y una de las mayores atrocidades en la historia contemporánea de la humanidad.

Pedro Junkera Zarate nació el 22 de noviembre de 1930 en Bilbao donde transcurrió su infancia hasta que con seis años fue evacuado junto a su hermana Ángeles, de ocho años, y cientos de otros niños vascos a Bélgica. Tras unos días en una colonia, los llevaron a Bruselas donde dos matrimonios decidieron hacerse cargo de ellos. Un matrimonio joven, formado por Jules Caillaux y Éva Samain, acogió a Pedro al que trataron como a un hijo, y a los que él cariñosamente siempre se ha referido como “papá” y “mamá”. Sus padres de acogida se desvivieron por él durante los tres años que vivió con ellos. Ángeles fue repatriada en 1939, y un año más tarde, también lo sería el propio Pedro. Bélgica ya no era un lugar seguro. A los pocos meses de la repatriación, el país fue invadido por Alemania. A lo largo de los años mantuvo el contacto con sus padres de acogida, y pudo visitarles, por primera vez, con veinte y tantos años, en un reencuentro que define como muy emocionante.  Poco conocía de los hechos de su padre Jules durante la Segunda Guerra Mundial y que fueron desvelándose a lo largo de los años.

Jules Caillaux nació el 31 de octubre de 1900 en Péronnes-lez-Binche, en la provincia valona de Hainaut. Fue voluntario en el Ejército Belga en 1918 durante la ocupación alemana del país en la Primera Guerra Mundial, y combatiente entre 1940 y 1945 durante la Segunda Guerra Mundial, y por cuya participación recibió un gran número de medallas honorificas. El 20 de noviembre de 1980, Yad Vashem reconoció a Jules Caillaux, de oficio electricista, como uno de los “Justos de las Naciones” por la protección otorgada a dos familias de origen judío—la familia de Roman Wachtel, refugiados de Austria, y el belga Oscar Fischer—quienes residían en su pueblo, Ohain, al sur de Bruselas. Jules impidió que las familias fueran arrestadas por los alemanes que les buscaban, cobijó a Fischer, y les consiguió tarjetas de racionamiento. Este reconocimiento es una de las mayores distinciones que se otorga a aquellas personas altruistas que salvaron a judíos durante el Holocausto. Jules falleció en Tournai el 29 de diciembre de 1985. Pedro asistió a su funeral el 3 de enero de 1986.

Junkera_1Pedro Junkera y Jules Caillaux, el 6 de junio de 1938, en Ohain, Bélgica. Imagen: Cortesía de Pedro Junkera.

Facundo Sáez Izaguirre nació el 27 de octubre 1917 en Donostia-San Sebastián. Afiliado al sindicato anarquista, Confederación Nacional del Trabajo, luchó a favor de la Republica y del recién constituido Gobierno de Euzkadi, con tan solo 18 años. Fue hecho prisionero en 1939, y le dieron a elegir entre trabajos forzados o unirse a la Legión. Decidió alistarse, escapándose al de poco tiempo. Atravesó la frontera siendo recluido en los campamentos de internamiento construidos para albergar a los refugiados que huyeron tras la Guerra Civil. Facundo estuvo en los campamentos de Saint-Cyprien y Gurs. En Gurs se le sitúa junto a su hermano Francisco, al que se le supone afiliado a la Unión General de Trabajadores. Tras la invasión alemana de Polonia en septiembre de 1939, se inicia la Segunda Guerra Mundial. En un corto periodo de tiempo, durante mayo de 1940, Alemania invade Francia, Bélgica, Los Países Bajos y Luxemburgo. En julio de 1940, el gobierno francés inicia su colaboración con Alemania, lo que provocó un amplio movimiento de resistencia interna en el que destacan los grupos de guerrilla, —popularmente conocidos como Maquis—, y en el que Facundo participó activamente. Hecho preso, fue enviado a Lorient (Bretaña) como mano de obra extranjera para construir la base de submarinos de Keroman entre 1941 y 1942 y 1944, formando parte de lo que se denominaría el “Muro del Atlántico”: una serie de fortificaciones militares alemanas en la costa atlántica cuyo objetivo era evitar una invasión marítima del Reino Unido. Una vez más consiguió escaparse. Tras viajar más de 730 kilómetros hacia territorio vasco, fue nuevamente detenido en febrero de 1944 en Hendaia. Trasladado en un tren de mercancías con miles de presos, fue deportado al Campo de Concentración de Neuengamme (Alemania). En mayo de 1945 tropas británicas liberaron Neuengamme.

A su regreso a Iparralde, Facundo pudo reunirse con su familia en Ciboure a finales de la década de 1940, conociendo por primera vez a su hijo José, quién había nacido en septiembre de 1936 durante la evacuación de Donostia-San Sebastián, de camino hacia Bilbao, en plena Guerra Civil. A través de la Organización Internacional para los Refugiados, Facundo junto a su mujer Cándida Sagarna, José y sus otros hijos pequeños (Mari Luz y Javier), tomaron rumbo hacia Santiago de Chile. Décadas después, Facundo y Cándida decidieron regresar a Euskal Herria. Facundo falleció en Donibane Lohizune, el 29 de agosto de 2008, a los 90 años de edad.

Facundo2Facundo Sáez Izaguirre en el centro, con ropa más oscura, con los Maquis. Imagen aportada por Pedro Oyanguren. Según comenta Oyanguren, el Gobierno Alemán envió a Facundo el reloj de pulsera que le fue requisado en el momento de su detención en 1944, treinta o cuarenta años después.

Me gustaría realizar un llamamiento para localizar a los milicianos y gudaris que participaron en la Guerra Civil y que a día de hoy puedan encontrarse residiendo fuera de Euskal Herria. Personas corrientes con historias extraordinarias que han vivido momentos históricos de indudable transcendencia. De la misma manera que es importante recordar, lo es el hecho de poder preservar esa memoria para evitar que todas estas historias caigan en el olvido.

[Mi más sincero agradecimiento a Pedro Oyanguren, José Sáez Sagarna, y a Yad Vashem y Pedro Junkera Zarate por la información aportada sobre Facundo Sáez Izaguirre, y Jules Caillaux y Éva Samain, respectivamente. Las entrevistas realizadas a José Sáez y a Pedro Junkera forman parte del proyecto de investigación sobre emigración, exilio y retorno vasco (e-Etorkinak, Bizkailab) de la Universidad de Deusto.]

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En nuestro propio mundo

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“Chile es el país más vasco entre los de América”.

Gabriela Mistral (“Tala”, 1938)

De esta manera tan rotunda, Gabriela Mistral (bautizada con el nombre de Lucila Godoy Alcayaga) describía Chile en el contexto de la tragedia fratricida que estaba asolando su tierra ancestral y la pasividad cómplice del mundo occidental:

“Es mi mayor asombro, podría decir también que mi más aguda vergüenza, ver a mi América Española cruzada de brazos delante de la tragedia de los niños vascos. En la anchura física y en la generosidad natural de nuestro Continente, había lugar de sobra para haberlos recibido a todos, evitándoles los países de lengua imposible, los climas agrios y las razas extrañas. El océano esta vez no ha servido para nuestra caridad, y nuestras playas, acogedoras de las más dudosas emigraciones, no han tenido un desembarcadero para los pies de los niños errantes de la desgraciada Vasconia. Los vascos y medio vascos de la América hemos aceptado el aventamiento de esas criaturas de nuestra sangre y hemos leído, sin que el corazón se nos arrebate, los relatos desgarrantes del regateo que hacían algunos países para recibir los barcos de fugitivos o de huérfanos. Es la primera vez en mi vida en que yo no entiendo a mi raza y en que su actitud moral. Me deja en un verdadero estupor.”

Las palabras de Mistral, “una mestiza de vasco” tal y como se definió en su día, dieron fruto en época de Pedro Aguirre Cerda, Presidente de la República de Chile (1938-1941), también de origen vasco. Aguirre Cerda, comprometido con la causa republicana española, nombró a Pablo Neruda Cónsul Especial de Chile para la Emigración Española convirtiéndose en el enlace oficial con el Gobierno de la Republica de España y el Gobierno Vasco en Paris. Tras un mes de singladura por el Atlántico y el Pacífico el 3 de septiembre de 1939 el carguero Winnipeg arribó al puerto de Valparaíso desde una lejana Francia con cerca de 2.200 refugiados de la Guerra Civil Española, entre ellos un significante número de vascos. Trascurridas cuatro décadas, Neruda recordaba aquellos días en “Para nacer he nacido” (1978) de la siguiente manera:

“Ante mi vista, bajo mi dirección, el navío debía llenarse con dos mil hombres y mujeres. Venían de campos de concentración, de inhóspitas regiones del desierto. Venían de la angustia, de la derrota y este barco debía llenarse con ellos para traerlos a las costas de Chile, a mi propio mundo que los acogía. Eran los combatientes españoles que cruzaron la frontera de Francia hacia un exilio que dura más de 30 años”.

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Imagen del Presidente Aguirre Cerda desplegada por los refugiados del Winnipeg a su llegada al puerto de Valparaíso. Fotografía: BBC Mundo.

Otros vascos de otras migraciones se encontraban desde tiempo atrás asentados en diversas localidades del país. En 1915, parte de la comunidad vasca de Valparaíso se organizaba entorno al Centro Vasco Chileno de Socorros Mutuos, embrión de lo que más tarde sería Eusko Etxea-Casa Vasca, creada en 1943 tras la visita al país del Lehendakari José Antonio de Aguirre en 1942. La visita se enmarcaba en una gira que le llevó a recorrer diez países americanos. No alejada de conflictos internos, la asociación se vio abocada a desaparecer, y no es hasta 1999 que un grupo de personas retoma el nombre de la histórica casa vasca.

Tres años antes de la conformación del Centro Vasco de Valparaíso, Santiago de Chile era testigo de la constitución de su primer Centro Vasco, hermanándose en la distancia con las ciudades de Montevideo (Uruguay) y de Rosario (Argentina), las cuales vieron durante el mismo año surgir entre sus comunidades de emigrantes vascos la Sociedad de Confraternidad Vasca “Euskal Erria” y el Centro Zazpirak-Bat, respectivamente.

El paso del tiempo, los relevos generacionales, y los acontecimientos políticos y socio-económicos en Europa—la Guerra Civil, el exilio, el Gobierno Vasco en el exilio, la postguerra, y la Segunda Guerra Mundial—tendrán consecuencias directas en las numerosas colectividades vascas de América y particularmente en sus asociaciones, verdaderos faros en los rompeolas americanos de la emigración y el exilio vasco durante décadas. Dentro del devenir del propio Centro Vasco de Santiago de Chile en 1931 se crea Euzko Gastedija (Juventud Vasca) con un compromiso político claro en relación al emergente movimiento nacionalista vasco de Euskadi.

No es de extrañar que ante el aporte ideológico de los recién llegados y coincidiendo con la visita del Lehendakari Aguirre a Santiago de Chile, ambas instituciones, Euzko Gastedija y el propio Centro Vasco, asuman su unificación, convirtiéndose posteriormente en la institución que hoy conocemos como Euzko Etxea, no haciendo discriminación en el origen de los vascos, ya fueran de un lado o del otro de los Pirineos, a la vez que establecían una nueva sede social en la actual Avenida Benjamín Vicuña Mackenna. Su construcción se inició en 1957.

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Euzko Etxea de Santiago de Chile, 1960. (Fotografía cortesía de Pedro Oyanguren).

El pasado 15 de marzo Euzko Etxea celebró su primer centenario de vida. Durante el acto conmemorativo el Presidente de Euzko Etxea, José María Narvarte atestiguaba con sus palabras esa necesidad inherente al emigrante o exiliado de recrear un propio mundo vasco, situado entre el país de origen y el país de acogida, donde comenzar de nuevo, con la esperanza de que el esfuerzo realizado durante tanto tiempo tenga continuación:

“El vasco que abandona su pueblo, por distintos motivos y en distintos períodos de la historia, vive dos vidas: una soñando el anhelado retorno y otra, luchando día a día abriéndose un espacio vital, el de la subsistencia en otra tierra, en otro idioma, entre otras gentes. Y desde siempre, en ese diario vivir, le urge la necesidad de buscar un lugar de encuentro con los suyos, emulando instituciones, conservando sus tradiciones y su lengua… Nuestra casa cumple 100 años… Recordamos a los que ya no están y que hicieron posible su creación y su desarrollo y recibimos con los brazos abiertos a sus nuevos integrantes, savia nueva que hará posible perpetuar el sueño”.

Zorionak Euzko Etxea!!

Mi agradecimiento a Pedro Oyanguren y a Palmira Oyanguren por su inestimable ayuda.

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ehun

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“Vengo del desierto y vi a mi abuelo sembrar en el desierto… Siembra en una tierra árida y luego espera. Si cae la lluvia, recolecta… Un día, usted marcha sobre una tierra completamente quemada, luego llueve y lo que sigue, usted se pregunta cómo ha podido producirse: tienes flores, verdor…porque los granos ya estaban ahí… ¡Hay que sembrar! ¡Incluso en el desierto, hay que sembrar! …Siembro y si mañana llueve, está bien, y si no, al menos los granos están ahí, porque ¿qué va a pasar si no siembro? ¿Sobre qué caerá la lluvia? ¿Qué es lo que va a crecer, piedras? Es la actitud que adopto: sembrar en el desierto”.

(Moncef Marzouki, Mayo 2010)

No es difícil imaginar a aquellos pioneros de la cultura y de la política vasca, surgidos de las comunidades de emigrantes y exiliados de finales del siglo XIX a lo largo del continente americano, aunando esfuerzos con grandes dosis de sacrificio y sorteando todo tipo de obstáculos con el objetivo de lograr que las semillas que en su día plantaron pudieran germinar y florecer en tierra extraña, por muy árida y hostil que fuera. En sí se convirtieron en verdaderos “sembradores de cultura”—como le gusta recordar a Mikel Ezkerro.

Este año se celebra tanto el centenario de la Sociedad de Confraternidad Vasca “Euskal Erria” de Montevideo (Uruguay) como el del Centro Zazpirak-Bat de Rosario (Argentina), ambas fundadas en un intervalo de dos meses. Aun estando ubicadas en ciudades separadas por más de 700 kilómetros, con el transcurso del tiempo fueron entrelazadas por oleadas de emigrantes provenientes de muy diversos lugares de Europa entre los que se encontraban vascos de ambas vertientes de los Pirineos. A pesar de la emancipación de las colonias americanas, la emigración vasca continúo hacia América, eligiendo destinos como Chile y el Río de la Plata—hoy en día Argentina y Uruguay. Se estima que entre la década de 1830 y principios del siglo XX decenas de miles de vascos emigraron legalmente al Nuevo Mundo. Durante el siglo XIX, los territorios vascos estuvieron plagados de crecientes dificultades socio-económicas al igual que de una sobrecogedora inestabilidad política, en forma de revoluciones y guerras que empujaron a muchos de sus ciudadanos a emigrar, tanto para mejorar su calidad de vida como simplemente para salvarla. Bien es cierto que el siglo XX no fue más amable para los vascos que las anteriores eras. La Guerra Civil Española y las dos guerras mundiales forzaron a miles y miles de vascos al exilio, a los que se sumaron aquellos otros de carácter económico como consecuencia de la postguerra.

A lo largo de estos 100 años la transmisión de la identidad vasca dentro de las propias colectividades ya sea en Argentina o en Uruguay ha sido altamente exitosa, y suficientemente abierta y atractiva propiciando la incorporación de personas que se han educado en otros marcos culturales y de identidad. Como escribí en su momento “la identidad vasca, al igual que otras muchas identidades en el mundo actual es, ante todo, una identidad permeable, elástica, múltiple, que se negocia, renegocia, construye y reconstruye constantemente en los diversos contextos temporales y espaciales en los que se desenvuelve, y en los que conviven diversidad de referentes y repertorios identitarios, abiertos, y ajerárquicos”. Por todo ello no es de extrañar, por ejemplo, que la Cámara Nacional de Representantes de Uruguay haya homenajeado a los fundadores de Euskal Erria, y por ende a la colectividad vasca de la capital, por su contribución al desarrollo del país o que el Gobierno Provincial de Santa Fe y la Municipalidad de Rosario hayan declarado de interés público todos los actos que lleve a cabo el Zazpirak-Bat como conmemoración de su centenario.

eErriaMendeurrenSeilu-haSello conmemorativo del centenario de la Confraternidad Vasca de Euskal Erria. Imagen: Dirección Nacional de Correos de Uruguay (25 de mayo de 2012).

El trabajo abnegado de un número determinado de personas a lo largo y ancho de nuestras diásporas vascas, a la vez que un ejemplo a imitar, es aun más valioso en un contexto de casi nula emigración, de envejecimiento de la población del exterior, y en muchos casos de una falta de relevo generacional que pueda reactualizar imaginativamente la herencia cultural y a la vez fortalecer el entramado institucional existente. Aquellos vascos de Rosario y Montevideo, y de tantos otros lugares, quizás jamás pensaron que las semillas que plantaron en su día les sobrevivieran, florecieran como lo han hecho, y pudieran auto-perpetuarse generación tras generación hasta llegar a día de hoy. Sin ninguna duda también se encontraron con numerosos problemas pero decidieron continuar hacia adelante.

¡Hay que sembrar! ¡Incluso en el desierto, hay que sembrar!”

Zorionak Euskal Herria eta Zazpirak-Bat!!

¿Conoces a algún “sembrador” de cultura vasca en tu colectividad, en tu país? ¿Te gustaría compartir su historia?

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Zazpiak Bat Dance Group de San Francisco: Paso a paso desde hace 50 años

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Fundado en Junio de 1960 en San Francisco, California, el Basque Club of California (Club Vasco de California) se convirtió rápidamente en un referente cultural tanto a nivel de las comunidades vascas del estado como a nivel nacional, contribuyendo, por ejemplo, a la creación de la federación de organizaciones vascas de Norte América (NABO) a principios de la década de 1970. En sus orígenes, el Club Vasco de San Francisco estuvo compuesto, en su gran mayoría, por vascos de Nafarroa Beherea y Nafarroa que habían emigrado a Estados Unidos en la década de 1940. Muchos de ellos tras la depresión económica de la Segunda Guerra Mundial decidieron trasladarse de las zonas rurales de California a San Francisco en busca de nuevas oportunidades, rejuveneciendo, de esta manera, a la comunidad vasca de la ciudad.

A día de hoy, varios clubes vascos continúan en activo en California. El decano de las asociaciones es el Kern County Basque Club, establecido en Bakersfield en 1944. A este le sigue el Southern California Basque Club, creado un año después en la localidad de Chino. Habrá que esperar a la década de 1960 para encontrarnos con una nueva hornada de asociaciones: El Club Vasco de California (San Francisco, 1960), Los Banos Basque Club (Los Banos, 1964), y Chino Basque Club (Chino, 1967).

Entre las actividades que tuvieron un mayor y temprano arraigo entre los socios del recién fundado club vasco de San Francisco se encuentra el grupo de danzas Zazpiak Bat Dance Group. Este primer fin de semana de Junio ha marcado el cincuenta aniversario de su primea actuación en público, siendo el grupo de danzas más antiguo de la Bahía de San Francisco. Al grupo de adultos se unió un grupo de danzas para niños llamado Gazteak, la primera banda de klika en el país, Zazpiak Bat Klika (1964), y el primer coro vasco del país, Elgarrekin (1979).

Zazpiak Bat Dance Group 1961

El grupo original de baile Zazpiak Bat en 1961. Sentados en primera fila (de izquierda a derecha): Mayie Camino y Bernadette Iribarren. Sentados segunda fila (de izquierda a derecha): Mayie Oçafrain, Anita Arduain, Christine Uharriet, Denise Ourtiague, Catherine Dunat y Louise Saparart. De pies (de izquierda a derecha): Juan Tellechea, Jeannot Laxague, Michel Duhalde, Michel Arduain, Michel Antoine, Michel Oyharçabal, Pierre Labat, Gratien Oçafrain, Frederic Fuldain y Paul Castech (Cortesía de la Colección Urazandi de San Francisco).

Frederic Fuldain fue el creador tanto del grupo de danzas de adultos—junto al instructor Juan Tellechea, de Lesaka—como de la banda de klika, a la vez que el organizador de los primeros torneos de mus y de pelota del club vasco. Nacido en Bidarrai en 1929, Fuldain emigró a Bakersfield en 1951 donde trabajo como pastor de ovejas durante tres años. De ahí se trasladó a San Francisco donde abrió su propio negocio de jardinería. Fuldain fue el Presidente de Honor del club durante treinta años. Falleció en Belmont, California a la edad de setenta y seis años. La idea original de Fuldain era incluir bailes de las provincias de Bizkaia y Gipuzkoa como complemento a los bailes de la provincia de Nafarroa Beherea—origen de la mayoría de los socios de aquel entonces. Su mano derecha en esta labor fue Tellechea. En los inicios los dantzaris fueron acompañados por el acordeonista Jim Etchepare y los txistularis Juan José y Carmelo San Mames y Abel Bolumburu.

Frederic Fuldain

Ceremonia de homenaje a Frederic Fuldain en el Centro Cultural Vasco de San Francisco el 2 de Abril de 1995 (Cortesía de la Colección Urazandi de San Francisco).

El grupo Gazteak fue creado por Michel Oyharçabal y Christine Maysonnave. En 1962, Pierre Etcharren, de Uharte-Garazi, se convirtió en el instructor del grupo de niños. Dos años después, tras el retorno de Tellechea a Euskal Herria, Etcharren se hizo también cargo del grupo de adultos. Cargo que ocupó durante veinticinco años. Desde entonces su hija, Valerie Etcharren, ha instruido a ambos grupos.

Desde Junio de 1961 hasta hoy, el Zazpiak Bat Dance Group ha actuado por todo el Oeste Americano y se ha consolidado como uno de los grupos de danza vasca más interesantes del país. En 1993 participaron en el Baztandarren Biltzarra de Elizondo bajo la atenta mirada del que fuera su primer instructor Juan Tellechea. Habían transcurrido veintinueve años.

“Euskaldunak Californian”

Dantzaris del Zazpiak Bat en Elizondo, Nafarroa en 1993. Primera fila (de izquierda a derecha): Martin Lasa, Xavier Oçafrain y Xavier Salaburu. Segunda fila (de izquierda a derecha): Idoya Salaburu, Isabelle Oillarburu, Maitexa Cuburu, Jeanette Etchamendy, Evelyne Etcharren, Elise Martinon, Rose Marie Etchamendy y Valerie Etcharren. Fila del fondo (de izquierda a derecha): Elisa Lasa, Isabelle Oçafrain, Valerie Gorostiague, Nicole Oçafrain y Stephanie Duhart (Cortesía de la Colección Urazandi de San Francisco).

Para conmemorar el quincuagésimo aniversario del Zazpiak Bat diferentes generaciones de bailarines van a actuar en el Centro Cultural Vasco de San Francisco durante el fin de semana del 27 y 28 de Agosto de este año. Emigrantes vascos llevaron consigo experiencias, valores, prácticas y tradiciones culturales, religiosas y lingüísticas a Estados Unidos, produciendo su propia interpretación de cultura e identidad vascas. Recrearon una cultura en un nuevo país contra todo pronóstico, siendo capaces de trasmitirla exitosamente a las nuevas generaciones de vascos nacidos en tierra americana. Hoy como hace cincuenta años, la comunidad vasca de San Francisco sigue demostrando la vitalidad y la capacidad de soñar y amar que les llevo a construir una nueva Euskal Herria a miles de kilómetros de distancia de Europa.

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Fermín Goñi (1922-2010): mi último adiós

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Adiós, padres y hermanos, trozos del alma mía,

Amigos de la infancia en el perdido hogar,

Dad gracias que descanso del fatigoso día;

Adiós, dulce extranjera, mi amiga, mi alegría,

Adiós, queridos seres. Morir es descansar.

(José P. Rizal, 1896)

Fermín era un poliglota consumado, amante de la historia, exquisito cocinero, excelente anfitrión y un infatigable conversador con una memoria envidiable. El último poema que escribiera Rizal antes de ser ejecutado por oficiales españoles consta de catorce estrofas—y aquí incluyo sus últimos versos—era recitado por Fermín sin gran esfuerzo, de principio a fin. Fermín estuvo casado con Margie, su inseparable compañera durante los últimos 59 años y fueron padres de cuatro hijos: Pedro, Gin, Gayet y Gina.

Fermín, hijo de Pedro Goñi Fernández (quien emigró desde el norte de Navarra con destino a Filipinas en la década de 1890) y Ramona Belloso Teves, de ascendencia castellana, nació el 14 de Octubre de 1922 en la ciudad de Iloilo City, en la Isla de Panay (Filipinas). A la edad de 19 años la invasión de su país por parte de las fuerzas militares japonesas convirtió forzosamente a Fermín en testigo histórico del desarrollo de la Segunda Guerra Mundial en el Pacifico. Participó en la guerrilla de resistencia contra el invasor japonés junto a filipinos y otros vascos de la Isla de Negros como los Isasi, Iturralde, Mendieta o Uriarte, y colaboró activamente con el ejército de Estados Unidos. Decidió involucrase aún más en la defensa de la justicia y la libertad de su país y embarcó hacia Estados Unidos. A su llegada a San Francisco se enlistó en el ejército americano como voluntario y fue destinado a la División 82 de Airborne (Batallones de Paracaidistas Artillería de Campo 456) participando principalmente en operaciones en la Alemania Nazi. Las atrocidades de las que fue testigo tanto en Filipinas como en Europa, la pérdida de familiares y de la inmensa mayoría de sus amigos y compañeros se convertirían en heridas que el tiempo no pudo más que mitigar y de las que rehuía hablar. Su voz se ahogaba en un silencio helador y las lágrimas inundaban sus ojos. Eran las únicas veces en las que le faltaban las palabras para poder expresar lo que sus ojos habían conocido. Quizás por esto se rodeaba de buenos amigos y lo compensaba con un gran sentido de humor y una profunda humanidad.

Conseguida la ciudadanía americana, regresó a Filipinas y contrajo matrimonio con Margie, Margarita Avecilla, en 1950. En 1988 decidió regresar a Estados Unidos asentándose en Reno, Nevada, donde criaron a sus hijos, formando con el paso del tiempo una pequeña comunidad vasco-filipina a la que fueron añadiéndose nuevos miembros. Entre los cuales me encontraba. Fue un verdadero honor haber conocido a Fermín y que me brindase la oportunidad de entrevistarle en numerosas ocasiones para que sus contribuciones a la historia fuesen conocidas y reconocidas. Fermín fue parte de una generación de las diásporas vasca y filipina que lo dio todo y que va desapareciendo al ritmo que marcan las horas del reloj. Una generación que los americanos describen, con un gran acierto, como la más generosa de todas.

Margie y Fermín celebran su quincuagésimo octavo aniversario de boda (2008; Pedro J. Oiarzabal)Margie y Fermín celebran su quincuagésimo octavo aniversario de boda (2008; Pedro J. Oiarzabal)

En Visayas—el archipiélago que agrupa a un número de islas entre las que se encuentran Cebu, Negros y Panay—una leyenda nos relata el origen de la creación de lo que hoy conocemos como Filipinas y como bien le gustaba a Fermín recordarnos, “la joya del mar de oriente es un inmenso archipiélago de 7.107 islas; ni una más ni una menos”.

Hace miles de años, no había tierra, ni sol, ni luna, ni estrellas. El mundo era un gran mar de agua y en las alturas se extendía el cielo. El agua era el reino del dios Maguayan y el cielo está gobernado por el gran dios Kaptan. Maguayan tenía una hija llamada Lidagat, la mar, y Kaptan un hijo llamado Lihangin, el viento. Ambos dioses acordaron casar a sus hijos, y es así como la mar se convirtió en la novia del viento…

El pasado día 21 el tiempo nos arrebató al viento que durante décadas surcó el oeste americano para hacerlo regresar definitivamente a Visayas. Confiamos disfrutar durante muchos años de la presencia de la mar que continúa refrescándonos con su sonrisa y sus joviales ojos. Fermín, Goian Bego!

Sumalangit nawa ang kanyang kaluluwa.

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